El fajo de billetes que cruzó el Caribe: El extraño romance entre Caracas y Mar-a-Lago
Por: Luis Rodríguez Salcedo
En la política, como en las malas novelas de suspenso, el dinero no habla: susurra. Y lo que susurró en diciembre de 2016 fue un estruendoso medio millón de dólares que viajó desde las arcas de una Venezuela en penumbras directo a la alfombra roja del Capitolio estadounidense.
La protagonista de este envío no fue una empresaria de Wall Street, sino Delcy Rodríguez, la hoy todopoderosa vicepresidenta que, en aquel entonces, movía los hilos de la Cancillería con la precisión de quien sabe que la ideología es un lujo, pero el acceso al poder es una necesidad.
La escena parece sacada de una sátira política. Mientras en las calles de Caracas el discurso oficial tronaba contra el «imperialismo voraz» y los «peones del norte», en las oficinas de Citgo —la joya de la corona de PDVSA en suelo estadounidense— se firmaba un cheque por 500.000 dólares.
¿El destino? El Comité de Inauguración de Donald Trump. Un aporte que superó, por mucho, al de gigantes como Pepsi, Walmart o Verizon. Venezuela, el país del socialismo del siglo XXI, se convertía de pronto en el principal mecenas extranjero del magnate republicano.
¿Por qué tanto amor repentino? La sospecha es obligatoria. Delcy Rodríguez, conocida por su pragmatismo de acero tras una sonrisa diplomática, sabía que Obama se iba dejando sanciones listas. El «regalito» era una apuesta de casino: una ficha de medio millón puesta al rojo (o al naranja, en este caso) para comprar una indulgencia que nunca terminó de llegar… o que quizás solo se pospuso.
Las malas lenguas en los pasillos de Washington dicen que aquel gesto no fue una donación, sino un pago de piso. Una señal de que el chavismo estaba dispuesto a «entenderse» con el lenguaje que Trump mejor habla: el de los negocios.
Lo más picante de esta historia no es el pasado, sino el presente. Con el regreso de Trump a la Casa Blanca en este 2025, los archivos han vuelto a abrirse. Resulta fascinante —y para algunos, asqueroso— observar la metamorfosis de los discursos.
Trump, el hombre que prometió «todas las opciones sobre la mesa», ahora lanza flores a Delcy, calificándola de «estupenda». ¿Será que el recuerdo de aquel medio millón endulzó el oído del magnate?
Delcy, la arquitecta del acercamiento, sonríe desde Caracas. Sabe que el dinero invertido hace años es hoy su mejor carta de presentación.
Mientras la oposición venezolana observa con los ojos cuadrados cómo su principal aliado en el norte intercambia guiños con su archienemiga, queda una lección flotando en el aire viciado de la geopolítica: en el amor y en la Casa Blanca, no hay principios, solo intereses.
El medio millón de dólares que Delcy «donó» a través de Citgo no fue una pérdida; fue una semilla. Y hoy, viendo cómo se mueven las piezas en el tablero, parece que la cosecha está siendo más fructífera de lo que cualquier manual de marxismo podría explicar.
-Luis Rodríguez Salcedo para TeclaLibre-
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