-El fantasma Epstein abre grietas en el trumpismo-
La “lista de clientes” que nunca aparece y los silencios de la Casa Blanca reavivan las teorías conspirativas.
(Resumen de Teclalibre a un artículo publicado por The New York Times-16 de julio 2025)
La última llamarada la encendió Elon Musk: aseguró que Donald Trump figuraba en los archivos del FBI sobre Jeffrey Epstein. Aquella bomba mediática, que al principio parecía apenas un chisporroteo en el firmamento del X/Twitter, terminó por abrir un boquete entre el expresidente y su base más fiel.
Archivos que se esfuman, sospechas que crecen
El Departamento de Justicia prometía divulgar los papeles pendientes del caso Epstein —incluida la mítica “lista de clientes” que todo el mundo busca y que, oficialmente, “nunca existió”. De pronto, la orden fue echar reversa: no habrá luz sobre esos documentos. Resultado inmediato: los propios megáfonos pro‑Trump denuncian un encubrimiento… sin saber a quién protege ni por qué.
Mientras las suspicacias se disparan, Trump implora desde sus redes no desperdiciar “Tiempo y Energía” en un difunto que, según él, “no le importa a nadie”. Su llamado apenas aviva el fuego: Epstein, muerto en una celda en 2019, pesa hoy más que nunca como símbolo de impunidad y corrupción de élites.
¿De qué lo acusaban y por qué escandaliza tanto?
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Modus operandi: Pagaba a adolescentes por “masajes” que derivaban en abusos sexuales, con la complicidad logística de Ghislaine Maxwell (condenada a 20 años en 2021).
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Trayectoria judicial: Investigación del FBI en 2006, acuerdo estatal de risa en 2008 (evitó cargos federales serios), segunda detención en 2019 y suicidio (oficial) meses después.
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Confusión interesada: Al tacharlo de “traficante sexual” muchos imaginaron que vendía menores a otros depredadores; la acusación formal nunca llegó tan lejos… aunque el morbo ya no hay quien lo pare.
El cóctel perfecto para la conspiranoia
Millonario con agenda VIP, delitos monstruosos, justicia complaciente y muerte “conveniente”: el guion soñado para la teoría conspirativa de turno. A la derecha le encanta recordar a Bill Clinton volando en el “Lolita Express”; la izquierda, los viejos elogios de Trump a “ese tipo estupendo” que “adoraba a las mujeres jóvenes”.
Ahora, con el gobierno trumpista metiendo los expedientes en bóveda, los QAnon‑lovers y sucesores reciclan fantasías de “élite pedófila”. El DOJ, por boca de la fiscal general Pam Bondi, dice que los videos hallados eran material bajado de internet, no orgías secretas filmadas a ricos y famosos. Pero la semilla ya germinó: si no publican todo, es porque algo esconden.
Trump & Epstein: amistades, pujas y ruptura
Amigos de coctelera en Palm Beach y Manhattan, se distanciaron en 2004 cuando compitieron por una mansión. Trump ganó la subasta, la vendió luego con jugosa plusvalía y jamás volvió a aparecer en escena… oficialmente. El FBI registra sus nombres en las mismas páginas; Musk lo gritó, y el trumpismo ahora duda de su propio héroe.
Moraleja Teclalibre: cuando el poder decide blindar archivos, alimenta el mismo monstruo que dice combatir. Epstein ya no está, pero su sombra sigue repartiendo dolores de cabeza y likes conspiranoicos. Y cada silencio oficial vale más que mil filtraciones.
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