La destitución de Kristi Noem del Departamento de Seguridad Nacional marca un momento importante para el futuro de la respuesta a desastres y la resiliencia climática en Estados Unidos. Si bien su despido fue ampliamente celebrado por inmigrantes y defensores de los derechos humanos, también representa un alivio para quienes defienden la acción climática y una gestión eficaz de emergencias. Sin embargo, con la llegada del senador Markwayne Mullin de Oklahoma como su reemplazo, persisten preguntas críticas sobre si la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés) recibirá el liderazgo que necesita.
FEMA opera bajo el Departamento de Seguridad Nacional, coordinando la respuesta a desastres y la preparación a nivel nacional. Su labor suele pasar desapercibida hasta que ocurre una catástrofe. Cuando los incendios forestales destruyen hogares, las inundaciones dejan familias atrapadas o los huracanes arrasan comunidades, FEMA moviliza refugios, equipos de rescate y asistencia médica. La eficacia de la agencia puede determinar si millones de estadounidenses logran recuperarse o enfrentan la devastación.
Durante la gestión de Noem, FEMA enfrentó dificultades. Los reportes indican que retrasó el desembolso de fondos para operaciones clave e implementó recortes de personal que debilitaron la capacidad de la agencia para responder a emergencias. Más controvertido aún, desvió recursos de FEMA para financiar Alligator Alcatraz, un centro de detención de inmigrantes en Florida que cuesta a los contribuyentes aproximadamente 1,2 millones de dólares al día, dinero que podría haberse utilizado para el alivio de desastres. Su despido fue justificado, aunque llegó demasiado tarde para quienes ya habían sido afectados por estas decisiones.
El reto es grande ahora que el senador Mullin asume el cargo. Se esperaría que un congresista de Oklahoma, un Estado frecuentemente azotado por tornados y fenómenos meteorológicos extremos, comprendiera la necesidad de una respuesta federal sólida ante desastres. Sin embargo, el historial de Mullin indica lo contrario. Ha cuestionado repetidamente el papel del Gobierno federal en este sentido, afirmando en una entrevista con Fox Business que los gobiernos locales y las comunidades deberían liderar los esfuerzos de recuperación. Su visión ignora la realidad de que muchas localidades carecen de los recursos, el personal especializado y la coordinación necesarios para responder de manera efectiva, especialmente cuando los desastres afectan a más de un Estado.
Las acciones de Mullin reflejan su discurso. Ha votado en contra de varios proyectos de ley que ofrecían ayuda federal a las víctimas del huracán Sandy (en 2012) y ha patrocinado legislación para bloquear la aplicación de normas sobre emisiones de metano para nuevas instalaciones de petróleo y gas. También ha intentado impedir que la Agencia de Protección Ambiental (EPA) considere los daños futuros del cambio climático en sus análisis de costo-beneficio, lo que constituye una visión limitada ante los crecientes impactos del cambio climático en las comunidades estadounidenses.
En su audiencia de confirmación del martes, las declaraciones de Mullin sobre FEMA no lograron generar confianza. Ante la insistencia del senador Andy Kim de Nueva Jersey sobre el futuro de la agencia, Mullin afirmó que FEMA “necesita ser reestructurada, no eliminada”. Aunque esto podría parecer alentador frente a los comentarios previos de Trump sobre “eliminar” FEMA por completo, la descripción de Mullin de las agencias federales, incluyendo FEMA, como “infladas” genera serias inquietudes.
Dicho esto, Mullin sí se comprometió a revertir una de las políticas más dañinas de Noem: su requisito de que más de 1.000 subvenciones de FEMA recibieran aprobación previa antes de que los fondos pudieran ser distribuidos. Este compromiso es bienvenido, pero no borra el historial problemático de Mullin en materia de ayuda en desastres y política climática.
El pueblo estadounidense merece respuestas claras sobre los planes de FEMA para el futuro, en particular en relación con la preparación y respuesta ante desastres climáticos. FEMA necesita un líder comprometido con mejorar sus servicios, no con debilitarlos. La idea de que los gobiernos locales pueden gestionar por sí solos todos los desastres es irreal. Sin el apoyo federal adecuado, las comunidades tendrán dificultades para recuperarse de eventos climáticos cada vez más frecuentes y severos.
Mullin, igual que Noem, carece de las cualificaciones necesarias; sin embargo, su lealtad al presidente le ha asegurado este cargo. En una Administración que valora el partido político por encima del país —y los vínculos personales por encima del servicio público— la lealtad ciega es la única credencial necesaria. El verdadero costo lo asumen los estadounidenses de a pie.

