El ocaso del oro negro: ¿funeral o reinvención de la gasolina, el gasoil y compañía?
Por Luis Rodríguez Salcedo
Por décadas, la gasolina, el gasoil, el GLP y el gas natural fueron los reyes absolutos del transporte, la industria y hasta de la cocina familiar. Ahora, con la movilidad eléctrica tocando la puerta —y en algunos países, derribándola—, las campanas de cambio ya suenan. Y no son de boda: son las que anuncian el final de una era.
La electricidad, impulsada por baterías cada vez más baratas y gobiernos obsesionados con las metas climáticas, avanza con paso firme. En Europa, China y parte de Norteamérica, el entierro del motor de combustión ya tiene fecha: entre 2030 y 2040. En América Latina, África y otras regiones rezagadas, los fósiles tendrán un respiro… pero será un respiro prestado.
Gasolina y gasoil: el lento adiós
El transporte ligero se electrifica, el pesado mira al hidrógeno y los biocombustibles. Los autos a gasolina y los camiones a diésel seguirán rodando, pero cada vez menos, y con precios que no darán nostalgia sino dolor de bolsillo. Las estaciones de servicio, esas viejas catedrales del combustible, deberán mutar en “hubs energéticos” con cargadores rápidos, surtidores de hidrógeno y cafeterías con WiFi… o quedarán como fósiles de sí mismas.
GLP y gas natural: los primos que resisten
El GLP todavía reina en taxis, transporte público y cocinas industriales. El gas natural sigue siendo la “opción más limpia” de los sucios, y jugará un papel de transición, sobre todo en generación eléctrica y transporte pesado. Pero también ellos están en la lista de especies amenazadas. La clave será reconvertir ductos y tanques para biogás o hidrógeno.
Petroleras y gasíferas: de vendedoras de fósiles a empresas de energía
Las grandes corporaciones ya no quieren que las llamen petroleras. Ahora se venden como “empresas de energía”. Traducción: están invirtiendo en solar, eólica, hidrógeno, biocombustibles y hasta en reciclaje de baterías. El negocio no está en vender litros, sino en vender kilovatios, moléculas verdes y servicios energéticos.
En la República Dominicana y la región, donde la flota de vehículos eléctricos todavía es una rareza, los distribuidores tienen la oportunidad de adelantarse: instalar cargadores en sus estaciones, vender energía limpia, ofrecer soluciones solares a empresas y hogares, y usar su experiencia logística para manejar nuevas fuentes de energía.
El reloj corre. Entre 2025 y 2035 viviremos un modelo híbrido: fósiles y electricidad compartiendo mercado. Después, la caída será más acelerada, y para 2050 los combustibles fósiles quedarán confinados a sectores donde no haya sustitutos baratos: aviación, transporte marítimo y maquinaria industrial pesada.
Conclusión
No es el apocalipsis del negocio energético. Es su mutación. Quien entienda que el cliente del futuro no irá a una “bomba” a llenar el tanque, sino a un centro de energía a recargar su batería o llenar su tanque de hidrógeno, sobrevivirá.
Quien siga pensando que el mundo girará eternamente al ritmo del surtidor… que se prepare para ver su negocio en un museo de historia industrial.
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