Julio Iglesias: el «Otoño del Patriarca» se vuelve tormentoso-
Por la Redacción de TeclaLibre
Lo que empezó como un rumor de redacción el martes pasado, hoy es un incendio forestal en el ecosistema de las celebridades. Julio Iglesias, el hombre que ha vendido más discos en más idiomas que nadie, el seductor por antonomasia, ha tenido que cambiar el micrófono por el comunicado jurídico. Y no es para menos: las acusaciones de dos ex empleadas (una de ellas fisioterapeuta) por presunta agresión sexual y trata de seres humanos han sacudido los cimientos de su mansión en Punta Cana y su refugio en las Bahamas.
El Contraataque del «Truhán» (que esta vez no es tan señor)
Este viernes, Julio rompió el silencio en Instagram. No hubo fotos vintage ni pies de foto poéticos. Hubo negación tajante. Dice que siente «maldad» en el aire y que defenderá su dignidad hasta el final. Pero, más allá de la prosa del artista, la realidad es que la Fiscalía de la Audiencia Nacional en España ya tiene la denuncia sobre la mesa.
El relato de las denunciantes —apoyadas por la ONG Women’s Link Worldwide— describe un panorama sombrío: jornadas de 16 horas, control de teléfonos móviles y episodios de violencia que contrastan con la imagen de caballero eterno que Julio ha exportado al mundo.
La Familia de Julio es un búnker de lealtad. Si algo tiene el clan Iglesias es que, en las malas, el apellido pesa. Miranda Rijnsburger, su roca, ha dejado un «A tu lado, siempre» en redes, que resume la postura oficial de la casa.
Sus hijos, desde las gemelas hasta Julio José, han optado por el «abrazo digital». Incluso se dice que Isabel Preysler, aunque separada de su vida desde hace tiempo, está en shock intentando procesar cómo el padre de sus hijos mayores ha terminado en los titulares de la crónica negra.
¿Las medallas? Aquí es donde la cosa se pone «teclera». En España, el caso ha saltado de la revista ¡Hola! al Congreso de los Diputados.
El Gobierno Central ya está barajando retirar su Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. Un gesto que sería el golpe de gracia a su legado institucional.
En la otra esquina, figuras como Isabel Díaz Ayuso han salido en su defensa, apelando a la presunción de inocencia y criticando lo que consideran un linchamiento a un icono nacional.
La Reflexión de TeclaLibre es que, estamos ante un cambio de era. Lo que antes se despachaba con un «cosas de artistas», hoy se analiza con lupa judicial. No se juzga solo a un hombre de 82 años, sino a un modelo de masculinidad que dominó el siglo XX. Julio dice que «le quedan fuerzas»; a las denunciantes, por lo visto, también.
La verdad, como siempre, suele estar en algún lugar entre el brillo de los focos y las sombras de los pasillos de servicio. Seguiremos informando.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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