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EL «PIRATA MAYOR» DEL CARIBE

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-El “pirata mayor” del Caribe: entre la “cuarentena” y la cañonera-

Los fragmentos que circulan —esa idea de Trump como “pirata mayor”, “amo del mundo” y dueño de Venezuela por decreto— no salen de la nada: están montados sobre una escalada real de fuerza y simbolismo en el Caribe, con interceptaciones de tanqueros, despliegue militar y una narrativa estadounidense que habla de “cuarentena” (palabra con olor a Guerra Fría) para una operación que, en la práctica, huele a bloqueo.

Pero lo más interesante (y peligroso) no es el músculo, sino el choque de percepciones: para Washington es “seguridad” y “narco-terrorismo”; para Caracas y La Habana, es “agresión” y “piratería”; para varios gobiernos caribeños, es una tormenta que amenaza con tragarse la vieja promesa regional de “zona de paz”.

La versión Washington: “no es guerra, es ‘cuarentena’” Según reportes, la Casa Blanca ordenó a las fuerzas estadounidenses enfocarse en una “quarantine” del petróleo venezolano para asfixiar financieramente a Maduro, mientras se intensifica la persecución y posible incautación de buques vinculados a sanciones. En ese marco, EE. UU. ha interceptado tanqueros y persigue otros (caso Bella 1), con un papel protagónico —y a la vez limitado por recursos— de la Guardia Costera.

El libreto oficial insiste: esto no es una guerra contra un Estado, sino una campaña contra redes ilícitas que financian al régimen. Esa línea se refuerza con el relato “anti-drogas” y la etiqueta moral: Maduro como fuente de amenaza regional.

Del lado venezolano, la respuesta ha sido doble: propaganda interna y legislación. La Asamblea Nacional promovió una norma para criminalizar acciones que “obstaculicen el comercio marítimo”, incluyendo la incautación de tanqueros (penas severas), y el gobierno ha denunciado los operativos como “bloqueo/piratería” y violación del derecho internacional.

Y ojo: el conflicto externo se usa como combustible interno. Reportes indican que Maduro aprovecha la amenaza para endurecer el control político, etiquetar disidencia como “traición” y justificar represión.

La Habana ha condenado la postura estadounidense como “agresiva”, advirtiendo que empuja a la región a un escenario de violencia e inestabilidad, y que violaría normas internacionales.

Este discurso encaja con el retrato que muchos sectores latinoamericanos hacen de Trump: la política del garrote, recargada y sin maquillaje.

La ONU: “no se puede imponer sanciones con bloqueo armado” Aquí aparece una pieza clave para el “pirata mayor”: expertos de la ONU denunciaron la medida como violatoria de reglas fundamentales del derecho internacional y fueron directos: no existe derecho a hacer cumplir sanciones unilaterales mediante un bloqueo armado.

Este punto es gasolina para quienes hablan de “acto de guerra” disfrazado de control marítimo.

Mientras algunos gobiernos caribeños cooperan o permiten facilidades (por conveniencia, presión o cálculo), otros sectores políticos y voces regionales alertan que el mayor despliegue en décadas puede arrastrar al Caribe a una crisis mayor, rompiendo el mito diplomático de “zona de paz”. Ese choque se ve con claridad en el debate alrededor de Trinidad y Tobago y el papel de aliados caribeños en la estrategia de Washington.

Fuera de la retórica, analistas y cobertura internacional han descrito la estrategia como una forma de “diplomacia de cañoneras” modernizada: acuerdos de seguridad, presencia militar ampliada, presión económica… y un mensaje implícito a cualquiera que no se alinee.

En paralelo, hay medios explicando cómo operan las “shadow fleets” y por qué el control marítimo se ha vuelto el campo de batalla perfecto: es coerción con apariencia de legalidad técnica.

Lectura TeclaLibre: el “Pirata del Caribe” no es solo un insulto, es una metáfora funcional La palabra “pirata” en política no siempre significa “ladrón con parche en el ojo”; a veces es una forma popular de decir: “me impusieron poder sin pedir permiso”. Y ahí está el meollo: cuando una potencia se atribuye el derecho de interceptar, incautar y “cuarentenar” el comercio de otro país, el Caribe recuerda su historia (bloqueos, intervenciones, “protectorados”, bases, “misiones”)… y el imaginario se activa solo.

Trump, con su estilo de espectáculo, convierte el mar en escenario: helicópteros, persecuciones, tanqueros, “quarantine”, narrativa épica. Caracas responde con épica inversa: “piratería imperial”. Cuba acompaña con condena. La ONU coloca el freno jurídico. Y el Caribe, como siempre, queda en el medio: entre el miedo y la dependencia; entre el pragmatismo y la dignidad.

En el Caribe nadie quiere guerra… pero abundan los puertos para que otros la administren. Y cuando el “pirata mayor” habla de “cuarentena”, la región escucha lo mismo de siempre, con otro nombre: bloqueo con perfume de doctrina.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

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