Bolivia: elecciones entre bloqueos, ocho candidatos y un vacío llamado Evo
Por Redacción Teclalibre
La cuenta regresiva hacia las elecciones generales del 17 de agosto en Bolivia transcurre entre bloqueos de carreteras, marchas, amenazas y gases lacrimógenos, no por los candidatos que están, sino por el que no estará: Evo Morales.
La decisión judicial que lo dejó fuera de la boleta —por “incumplir requisitos constitucionales”— ha encendido una mecha social que el gobierno de Luis Arce y el Tribunal Supremo Electoral intentan apagar con discursos de legalidad, mientras el país arde en el asfalto.
El Movimiento al Socialismo (MAS), que dominó la política boliviana durante casi dos décadas, llega dividido y en evidente crisis. Por un lado, Eduardo del Castillo, exministro y candidato oficialista, intenta heredar la estructura partidaria sin Evo, prometiendo “estabilidad institucional” mientras la base rural e indígena le da la espalda. Por el otro, Andrónico Rodríguez, líder del Senado y MAS disidente, busca capitalizar el descontento morenista, vendiéndose como el “hijo político” más fiel al legado del caudillo ausente.
Pero las fracturas internas son apenas un capítulo. El resto del libreto lo escriben los ocho candidatos que competirán, desde un Samuel Doria Medina con promesas de autonomía del Banco Central y reformas pro-mercado, hasta un Jorge “Tuto” Quiroga que agita la bandera del “cambio radical” y sueña con replicar en Bolivia el giro liberal de Milei en Argentina.
La calle contra la urna
Mientras la campaña avanza, el pulso real no está en los mítines, sino en las carreteras bloqueadas y en las ciudades paralizadas por los seguidores de Morales, que advierten que sin él, “no habrá paz electoral”. La tensión recuerda los viejos fantasmas de 2019, cuando la política boliviana se definía más en la calle que en las urnas.
La pregunta que flota es obvia: ¿es este el epílogo del socialismo de Evo o el inicio de su reinvención desde la sombra?
En el corto plazo, la fragmentación del MAS y el desgaste económico —inflación alta, crisis de divisas y creciente descontento indígena— favorecen un vuelco hacia el centro o la derecha. Las encuestas insinúan segunda vuelta en octubre, y los mercados, siempre más rápidos que la política, ya descuentan un cambio de rumbo.
Pero Bolivia es especialista en giros inesperados: Evo Morales, sin candidatura, sigue marcando la agenda; la oposición, con nombres viejos, vende futuro; y el país, otra vez, votará con el ruido de los bloqueos de fondo.
En definitiva: más que una elección entre ocho aspirantes, Bolivia se enfrenta a un plebiscito silencioso sobre el fin —o la mutación— de su hegemonía socialista. Y como siempre, el resultado no se jugará solo en las urnas… sino también en la calle.
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