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¿ENTREGA DISCRETA DE NUESTRO ESPACIO AÉREO?

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🇩🇴 ¡Aeropuertos Abiertos! ¿Pista Logística o Soberanía en Vuelo Rasante? 🇺🇸

El aire en el Palacio Nacional se cortaba con algo más que la habitual humedad tropical. El presidente Luis Abinader soltó una bomba envuelta en papel de seda legal: la luz verde, «temporal» y «estrictamente restringida», para que los aviones de reabastecimiento, transporte de equipos y personal técnico de Estados Unidos aterricen y hagan logística en la Base Aérea de San Isidro y en el Aeropuerto Internacional de Las Américas (AILA). ¿El pretexto? Una «operación conjunta contra el narcotráfico en el Caribe».

Léase bien: el cielo dominicano se convierte, por un tiempo indefinido aunque etiquetado de «temporal», en una suerte de parada técnica para la maquinaria antinarcóticos del Tío Sam.

La movida se anuncia justo tras la visita del secretario de Guerra de EE. UU., Pete Hegseth. ¿Coincidencia o la cereza del pastel en una negociación tras bambalinas?

Abinader se escudó, como buen estratega, en los marcos legales ya existentes: el viejo Acuerdo de Interdicción Marítima y Aérea de 1995 y su Protocolo de 2003. Instrumentos que, por cierto, exigen «autorización previa y acompañamiento directo» del Ministerio de Defensa y la DNCD. Unos candados de papel diseñados para tranquilizar a la platea.

El presidente insistió, con tono de sermón, que el permiso es de «alcance técnico, limitado y temporal», orientado a reforzar el «anillo de protección» contra el crimen transnacional. Y la frase de oro, la que suena a coartada bien pulida: «Esto no disminuye la soberanía nacional; la fortalece».

Abinader no perdió la oportunidad de vender la gestión: ¡casi diez veces más drogas decomisadas por año desde 2020 gracias al trabajo con EE. UU.! Una cifra que seduce al titular, pero que oculta la pregunta más incómoda: ¿a qué precio geopolítico se logra ese récord?

Otorgar acceso privilegiado a dos puntos neurálgicos de la infraestructura militar y civil dominicana, aunque sea para «reabastecer», es ceder una porción de control. Es convertir la isla en una plataforma logística avanzada para las operaciones militares y de inteligencia de Washington en el Caribe. Una región caliente, donde el crimen organizado es solo uno de los muchos intereses que mueven los hilos del poder.

Y como en todo buen pacto, siempre hay un favor a cobrar. El presidente agradeció a Washington el apoyo a la candidatura de Leandro José Villanueva para dirigir la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc).

¿Es la pista de San Isidro el precio de la silla en la ONU?

La movida de Abinader, envuelta en la noble causa de la lucha antidrogas, tiene el sabor agridulce de una decisión soberana forzada por la geopolítica. El Gobierno dominicano acaba de abrir sus puertas no solo a aviones, sino a la profundización de una dependencia militar bajo la excusa del combate al narco.

El tiempo dirá si este «alquiler» temporal de pistas es realmente un refuerzo de la soberanía o, más bien, un paso más en la entrega discreta de nuestro espacio aéreo a las prioridades de seguridad de nuestro poderoso vecino. TeclaLibre estará vigilante.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com      https://teclalibremultimedios.com/category/portada

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