Moscú, El Reparto Silencioso: ¿Venezuela es el Postre de Ucrania?
Por la Redaccion de TeclaLibre
El frío de Moscú no es casualidad. Este martes gélido, la pista del aeropuerto de Vnúkovo se convirtió en el escenario de una de esas danzas geopolíticas que solo se entienden leyendo entre las líneas del cinismo. Aterrizó Steve Witkoff, el enviado especial de Donald Trump, con el inefable Jared Kushner a su sombra. No traen flores, traen un «plan de paz» para Ucrania.
Pero seamos francos, ¿qué es este plan sino una esquela diplomática para el gobierno de Volodímir Zelenski?
El contexto es tan crudo como el invierno ruso. Hace solo unos días, en Ginebra, la propuesta original de 28 puntos para Ucrania —que ya era una broma de mal gusto al ignorar la negativa a ceder el Donbass y el sueño de la OTAN— fue recortada a 19. Es decir, Ucrania ya está siendo obligada a tragarse un trozo significativo de su soberanía antes de que Witkoff pise la alfombra del Kremlin.
La debilidad de Kyiv es el plato fuerte de este encuentro. Mientras Witkoff y Kushner sonríen protocolariamente, el entorno de Zelenski se desmorona. El «enorme escándalo de corrupción» que decapitó a Andréi Yermak, jefe de la Oficina Presidencial y principal negociador, ha debilitado la posición ucraniana hasta la médula. Como bien susurró Trump, un régimen sacudido por la podredumbre interna negocia de rodillas.
Y si la política huele mal, el frente militar canta la misma canción. La supuesta liberación de Krasnoarmeisk (Pokrovsk) y la declaración de Putin de que «la iniciativa está en manos de las fuerzas rusas» solo sirve para dejar claro un punto: Estados Unidos y Rusia se sientan a la mesa mientras Ucrania está a la intemperie, militar y moralmente derrotada.
Aquí es donde entra el ingrediente secreto, el toque caribeño a esta sopa fría. Aquí es donde se dibuja el mapa de ese «reparto geopolítico» que huele a cinismo de Guerra Fría.
El verdadero negocio que se negocia en Moscú no es solo un papel sobre la frontera del Donbás. Es un trueque de esferas de influencia. La pregunta que debe resonar en los pasillos del Kremlin y, sobre todo, en Miraflores, es: ¿Qué está dispuesto a ceder Trump a Putin en el hemisferio occidental a cambio de un acuerdo de paz que pueda vender como su obra cumbre?
La respuesta tiene nombre y apellido: Nicolás Maduro y Venezuela.
La «amenaza» de Estados Unidos contra el régimen de Maduro es una ficha de póquer valiosísima. Para Putin, obtener una victoria estratégica en Ucrania – una paz que santifique las anexiones y garantice la no-OTAN – es la prioridad. Y para convencer al Zar, el enviado de Trump podría ofrecer una de las transacciones más sórdidas:
«Acepta mi plan, Vladimir. Cierra esta guerra. Y yo, a cambio, le bajo el volumen a la ‘amenaza’ en Venezuela. Me desentiendo de presionar a tus aliados. Te doy la paz en tu patio trasero, si tú me das la ‘paz’ (y una victoria política) en el mío.»
En el oscuro mercado de la realpolitik, la estabilidad territorial en Donbás bien podría valer la tranquilidad de Maduro en Caracas. Ucrania se convierte en el plato principal que Rusia consume, y Venezuela en el postre que Estados Unidos está dispuesto a dejar de lado. Un clásico, brutal y suspicaz reparto de influencias que se está firmando con tinta invisible entre dos potencias, mientras los pequeños miran y tiemblan. La crónica de un acuerdo a espaldas del mundo libre.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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