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EUROPA SE DESANGRA AL CALOR DEL GAS ESTADOUNIDENSE

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-Europa se desangra al calor del gas estadounidense: ¿negocio o rendición geopolítica?-

Por Teclalibre Digital

El reciente acuerdo comercial firmado entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la Unión Europea ha levantado una polvareda de interrogantes entre economistas, industriales y analistas geopolíticos. No es para menos: Bruselas se compromete a comprar 750.000 millones de dólares en productos energéticos estadounidenses —principalmente gas natural licuado (GNL) y energía nuclear—, al tiempo que cierra la puerta a los recursos energéticos provenientes de Rusia. Como si fuera poco, la UE también invertirá 600.000 millones en la economía estadounidense, en una movida que muchos califican como una transferencia directa de riqueza del Viejo Continente a Washington.

Bajo la narrativa de «fortalecer los lazos transatlánticos» y «diversificar las fuentes de energía», el acuerdo esconde lo que podría interpretarse como una rendición estratégica de Europa a los intereses energéticos y geopolíticos de Estados Unidos. El continente, aún tambaleante por los efectos económicos de la guerra en Ucrania y la inflación energética, se embarca en una dependencia aún mayor del costoso gas estadounidense, abandonando las rutas tradicionales de energía más accesible, como la rusa, por razones puramente políticas.

El economista estadounidense Jeffrey Sachs, una de las voces más lúcidas y críticas del escenario global, no ha dudado en señalar las consecuencias nefastas de este tipo de acuerdos. En diversas intervenciones, Sachs ha advertido que la política de Washington de cortar los lazos energéticos entre Europa y Rusia —con el consentimiento de Bruselas— no obedece a la seguridad europea, sino a intereses geoeconómicos de EE.UU.

Según Sachs, al sustituir el gas ruso barato por el GNL norteamericano, Europa encarece su matriz energética, reduce la competitividad de su industria y empuja a sus empresas a deslocalizarse hacia regiones donde los costos operativos sean menores. En palabras del propio Sachs: “Estados Unidos ha presionado a Europa para que sabotee su propia economía en nombre de una estrategia atlántica que no beneficia a los europeos”.

Las beneficiadas están claras: las grandes petroleras y gaseras estadounidenses, la industria nuclear de EE.UU. y la economía norteamericana en su conjunto, que se verá fortalecida por una inyección europea de 600.000 millones de dólares. A cambio, Europa recibe energía cara, descontento social, desindustrialización y la pérdida de autonomía estratégica.

Esta política, más que diversificación, parece una sustitución forzada, sin evaluar a fondo sus consecuencias económicas y sociales. Mientras los consumidores europeos se preparan para pagar más por la electricidad y el gas, las fábricas comienzan a apagar motores o a migrar hacia mercados con mejores condiciones.

Lo más preocupante, sin embargo, es la actitud dócil de la dirigencia europea, que en vez de negociar desde la soberanía energética, se pliega sin chistar a las imposiciones de su socio atlántico. En este contexto, Sachs ha dicho que “la UE actúa como un vasallo más que como un socio”, cediendo no sólo su energía, sino su futuro económico.

El acuerdo entre Trump y la UE puede ser el principio de una nueva fase de subordinación europea. Si no se plantea un debate serio sobre las consecuencias de este pacto, Europa corre el riesgo de convertirse en un museo tecnológico: lleno de historia, pero sin capacidad industrial ni influencia global.

Europa se convertirá en un «parque temático», sugiere el profesor y diplomático dominicano Iván Gatón. Esta metáfora implica una pérdida de relevancia política y posiblemente económica para Europa.La declaración sugiere que Europa podría estar perdiendo su influencia global y podría estar siendo relegada a un rol más enfocado en el turismo y el entretenimiento, en lugar de su papel tradicional como actor político y económico clave.

Los ciudadanos, sindicatos y sectores productivos del continente deberán decidir si están dispuestos a pagar el precio de esta alianza o si exigirán a sus líderes una estrategia energética y económica que ponga primero el interés europeo.

rodriguezsluism9@gmail.com

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