-Cumbre UE-China por su 50º aniversario revela grietas profundas en lugar de celebraciones-
Por Teclalibre
Lo que debía ser una conmemoración diplomática por todo lo alto entre la Unión Europea y China, en ocasión de su 50º aniversario de relaciones bilaterales, terminó convertido en una cumbre breve y tensa, cargada de reproches y desconfianzas mutuas.
El encuentro, que originalmente se proyectaba como una oportunidad para consolidar la cooperación estratégica entre Bruselas y Pekín, se redujo a una sola jornada. Y aunque las declaraciones oficiales hablaron de “diálogo constructivo”, lo cierto es que las diferencias fueron más notorias que los acuerdos.
Uno de los puntos más espinosos fue el apoyo tácito de China a Rusia en su guerra contra Ucrania. Para los líderes europeos, la neutralidad «pro-rusa» de Pekín representa una amenaza directa a los principios del derecho internacional y socava los esfuerzos globales por lograr una paz justa. China, por su parte, mantuvo su posición ambigua, insistiendo en su papel como mediador y abogando por “una solución política” al conflicto.
Otro foco de tensión fue el creciente desequilibrio comercial. El abultado déficit de la UE frente a China —que supera los 400 mil millones de euros— ha provocado una ola de investigaciones en Bruselas por presuntas prácticas desleales, especialmente en sectores estratégicos como la automoción eléctrica, los paneles solares y las tecnologías verdes. Pekín, predeciblemente, calificó las medidas como “proteccionismo encubierto”.
Las disputas arancelarias tampoco estuvieron ausentes. La Unión Europea estudia nuevos aranceles para contrarrestar las ayudas estatales chinas a sus industrias, mientras que Pekín amenaza con represalias comerciales si se concreta dicha política.
A pesar de los desencuentros, el presidente Xi Jinping trató de suavizar el tono al afirmar que “la cooperación siempre ha sido la corriente principal de las relaciones China-UE”, e hizo un llamado a fortalecer la confianza mutua y evitar la confrontación. Sin embargo, la decisión de acortar la cumbre y la ausencia de acuerdos concretos evidencian lo contrario: las dos potencias atraviesan un momento de enfriamiento, en el que los intereses geopolíticos pesan más que las promesas de colaboración.
Lo que pudo haber sido un aniversario de reafirmación estratégica, terminó siendo una muestra clara de que, tras cinco décadas de relación, la confianza entre la UE y China está en revisión.
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