Haití al Límite: ¿Paz… o Trampa Global?
Por TeclaLibre
Haití parece en caída libre. Las bandas criminales ya controlan el 90 % de Puerto Príncipe, los asesinatos, desapariciones y violaciones son cotidianos, y más de 1.3 millones de personas han sido desplazadas en los últimos meses. Ni la prensa, ni la ONU escapan al drama que ya es territorio conocido.
Según versiones que circulan (sin fuente oficial clara aún), el Gobierno de EE.UU., en un giro estratégico, habría propuesto que Naciones Unidas envíe una “misión de seguridad” a Haití para combatir a las bandas que han tomado el país. El principal obstáculo: el veto de China y Rusia en el Consejo de Seguridad.
Esto no es fantasía diplomática: en noviembre de 2024, ambas potencias ya bloquearon una propuesta para transformar la actual misión keniana en una clásica operación de cascos azules.
La Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad (MSS), liderada por Kenia, fue autorizada en octubre de 2023 (resolución 2699) con el respaldo de EE.UU. y Ecuador. Sin embargo, solo están desplegados alrededor de 1,000 efectivos de los 2,500 planeados, y la misión está crónicamente mal financiada.
En febrero de 2025, el secretario general de la ONU, António Guterres, propuso asumir los costos logísticos y estructurales de la misión para que el despliegue cobre músculo.
Mientras tanto, el experto en derechos humanos de la ONU, William O’Neill, insistió en la viabilidad técnica de la solución: “Con 2,500–3,000 policías internacionales bien equipados, es posible”.
Como alternativa al bloqueo de la ONU, la Casa Blanca estaría explorando un envío bajo bandera de la OEA, con tropas latinoamericanas —un giro regional que esquiva el veto, aunque sin autoridad ni presupuesto definidos.
Esta presión también llega desde Brasil. Lula, por ejemplo, pidió al Consejo de Seguridad que respalde la misión actual con recursos reales o la transforme formalmente en una operación de paz.
Hay algo inquietante en esta nueva narrativa: la insistencia de EE.UU. en soluciones multilaterales —que se desplazan entre la ONU, OEA y el financiamiento voluntario— puede reflejar más una estrategia geopolítica que un verdadero plan operativo: China y Rusia ya demostraron su capacidad para detener una solución legítima, Y no se menciona un compromiso serio con una hoja de ruta clara para el control efectivo del territorio. Y todo esto, mientras Haití se desangra, y el pueblo espera una respuesta digna y honesta.
La propuesta de la Casa Blanca y la ONU es real, pero su viabilidad está en entredicho: vetos geopolíticos, misiones subfinanciadas y actores regionales sin mandato, configuran un mapa más bien oscuro. Haití no solo exige acción: exige una estrategia clara, coordinada, y sobre todo, honesta. Por ahora, ese plan parece estar ausente.

