-Comisaría incendiada en Marchand-Dessalines: Haití arde bajo las bandas
Por Redacción TeclaLibre-
Marchand-Dessalines, Haití. La creciente inseguridad en la región del Artibonite sumó este martes un nuevo capítulo cuando miembros armados de la pandilla Kokorat San Ras atacaron e incendiaron la comisaría local, como parte de una aparente estrategia para desmantelar la débil presencia institucional del Estado haitiano.
Aunque no se reportaron víctimas humanas ni daños a otras edificaciones, el incendio provocó conmoción entre los habitantes del municipio, quienes expresaron su temor y rechazo ante lo que consideran una escalada sostenida del crimen organizado. Testigos señalaron que los atacantes también sustrajeron varias motocicletas, utilizadas por la policía para patrullaje.
Este hecho —reportado por el diario Le Nouvelliste— ocurre en un momento particularmente tenso para el departamento del Artibonite, una de las zonas más golpeadas por la violencia de pandillas en los últimos tres años.
El grupo Kokorat San Ras, con historial de violencia, fue expulsado de su base en 2023 tras un alzamiento popular en coordinación con la policía. No obstante, ha logrado reagruparse y reaparecer con mayor capacidad ofensiva. La quema de la comisaría no es un acto espontáneo, sino parte de un patrón sistemático de destrucción de puestos policiales observado en varias regiones del país.
En paralelo, se registraron enfrentamientos armados entre bandas en la vecina comuna de Liancourt, donde opera el grupo conocido como la banda de Savien. Estos choques simultáneos revelan una coordinación implícita o rivalidad activa entre organizaciones criminales que luchan por el control territorial.
Desde el colapso institucional provocado por el asesinato del presidente Jovenel Moïse en 2021, Haití ha caído en una espiral de violencia. El país cuenta con menos de 10,000 agentes policiales operativos, insuficientes para controlar a más de 200 bandas armadas que operan con armamento sofisticado, financiamiento informal y apoyo logístico clandestino.
Lo que antes eran zonas “calientes” de Puerto Príncipe ahora se han extendido a provincias como Artibonite, donde la falta de infraestructura y la pobreza crónica crean un terreno fértil para el dominio del crimen organizado.
El jurista y político André Michel, portavoz del partido OPL, condenó el atentado y responsabilizó indirectamente a las autoridades por su pasividad. Afirmó que, un año después de la instalación del Consejo Presidencial de Transición, las bandas han extendido su control sin mayores obstáculos.
Las autoridades locales han prometido investigar el hecho y reforzar la seguridad en la comuna. Sin embargo, la ausencia de recursos, coordinación nacional y apoyo internacional efectivo pone en duda la capacidad del Estado para responder con contundencia.
La quema de comisarías no es solo un acto simbólico: es una estrategia de guerra urbana para neutralizar la autoridad, robar equipos, infundir terror y garantizar impunidad. Mientras tanto, los civiles quedan atrapados entre dos fuegos: el de las bandas que gobiernan con violencia y el de un Estado ausente o colapsado.
Este evento en Marchand-Dessalines es solo una pieza más en el rompecabezas de una guerra no declarada, que ya ha desplazado a más de 300,000 personas y provocado más de 3,000 muertes en lo que va de año. La expansión de las pandillas en zonas rurales como Artibonite revela que la situación ya no es únicamente una “crisis urbana”, sino una crisis nacional con repercusiones humanitarias profundas.
El ataque en Marchand-Dessalines confirma lo que muchos haitianos ya viven a diario: un país secuestrado por las pandillas, donde el fuego consume no solo estaciones de policía, sino también la esperanza. Sin una respuesta regional e internacional coordinada, Haití continuará hundiéndose en un abismo del que cada vez es más difícil salir.
rodriguezsluism9@gmail.com

