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HONDURAS EN UN LIMBO ELECTORAL

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🇭🇳 Crónica de una Incertidumbre Votada: Honduras Contiene el Aliento

El sol ya había recorrido dos veces el cielo sobre Honduras desde el domingo de elecciones, y la calma que se esperaba tras las urnas se había transformado en un calvario de incertidumbre. Los votantes, que acudieron a las urnas para elegir al sucesor de la presidenta Xiomara Castro, seguían en un limbo de resultados, rehenes de la lentitud y el opaco mecanismo del Consejo Nacional Electoral (CNE).

El país, que debía girar a la derecha con la terna presidencial en pugna, se encontraba atascado en un “empate técnico” que, más que una muestra de paridad democrática, parecía una mecha encendida. Dos días después de la jornada electoral, el CNE, bajo la dirección de Ana Paola Hall, había emitido un último corte de resultados el lunes al mediodía, para luego anunciar el cierre abrupto del Sistema de Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP).

Con solo el 57.03% de las actas contabilizadas, los números eran un espejo casi idéntico para los candidatos conservadores Nasry «Tito» Asfura (Partido Nacional) y Salvador Nasralla (Partido Liberal). Los datos preliminares de ese momento mostraban a Asfura con una ligerísima ventaja, con 749.022 votos (39.91%) contra los 748.507 votos (39.89%) de Nasralla. Una diferencia de apenas 515 sufragios. El resto de la votación, poco más del 20%, se repartía entre la oficialista Rixi Moncada (Libertad y Refundación, Libre) y otros contendientes.

La consejera presidenta, Ana Paola Hall, hizo un llamado a la paciencia y a la calma, insistiendo en la necesidad de esperar el conteo final y el escrutinio especial. Sin embargo, en un país marcado por la controvertida crisis electoral de 2017, donde el retraso en el conteo fue el preludio de acusaciones de fraude, la tardanza del CNE agitaba los fantasmas de la desconfianza.

Los ojos de la comunidad internacional y de los electores hondureños se posaban en ese crucial 43% de actas restantes. El proceso de conteo definitivo se extendía en el horizonte, pues el ente electoral tiene un plazo de 30 días para divulgar el dato oficial y final.

La contienda no era solo un pulso local. La sombra de la geopolítica se cernía sobre el recuento, especialmente con el apoyo explícito del expresidente estadounidense Donald Trump a Nasry Asfura, a quien describió como el «único verdadero amigo de la libertad» y aliado contra los «narco-comunistas». Este respaldo, además de avivar las acusaciones de intervencionismo por parte de la candidata oficialista, acentuaba la polarización.

Mientras Honduras esperaba, voto por voto, si el nuevo liderazgo viraría hacia el centro-derecha con la elección de uno de los dos punteros —ambos prometiendo cercanía con Taiwán y el combate a la corrupción—, el verdadero reto seguía siendo la estabilidad. La lentitud del escrutinio no solo ponía en jaque la credibilidad del proceso, sino que tensaba la cuerda social en una nación ya golpeada por la pobreza y la violencia endémica.

El pueblo hondureño había votado masivamente, ansioso por un cambio, pero ahora solo le queda esperar la larga cuenta regresiva hacia el resultado definitivo. La democracia, una vez más, se prueba en la templanza de sus instituciones y en la paciencia de sus ciudadanos.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

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