Un dominicano murió de infarto… por miedo a que el hospital llamara a “Inmigración”
En Puerto Rico, Félix Julián Cabrera, obrero dominicano de 66 años, pasó días (y noches) con presión alta y dolor recurrente en el pecho, pero evitaba ir al hospital por un temor simple y brutal: “si voy, me detienen; si me detienen, me deportan”. La madrugada del lunes (mediados de diciembre de 2025), murió en la casa de su hermano, en Villa Carolina.
Y aquí está el filo: no murió solo de un ataque al corazón. Murió también de una idea que se ha instalado como ley no escrita en comunidades migrantes: “la sala de emergencias puede ser una antesala de ICE”.
Según el relato recogido por El Nuevo Día, el presidente del Comité Dominicano de Derechos Humanos en la isla, José Rodríguez, resumió el drama sin adornos: Cabrera temía que en el hospital “llamaran a Inmigración” y ese miedo “le costó la vida”.
El detalle más perturbador es que no se trata de un caso aislado, sino de un patrón: el Colegio de Médicos Cirujanos en Puerto Rico dice que ya ha intervenido más de 40 casos de inmigrantes sin estatus definido atendidos en sus casas, incluyendo emergencias y embarazadas con contracciones, justamente por el miedo a moverse “a lugares sensibles” como hospitales.
El Colegio de Médicos insiste en que no se han reportado intervenciones migratorias en facilidades de salud y que HSI (Seguridad Nacional) en San Juan ratificó un compromiso de evitar arrestos en esos espacios.
Pero la realidad social es otra: cuando la gente cree que un hospital es una trampa, la enfermedad se vuelve clandestina. La hipertensión se esconde. La diabetes se calla. El dolor de pecho se “aguanta”. Y la muerte llega “temprano”, como si fuera una cita más… solo que sin ambulancia.
Este caso explota dentro de un clima de redadas y miedo que ha golpeado especialmente a comunidades dominicanas en Puerto Rico durante 2025. Un reportaje describe barrios dominicanos viviendo como “ciudad sitiada”, con gente evitando escuela, trabajo y citas médicas por temor a ser detenida.
Y a nivel federal, el giro de política también importa: en 2025 se reportó la revocación/fin de lineamientos que protegían “áreas sensibles” (como hospitales, escuelas e iglesias) frente a acciones migratorias, lo que —aunque luego haya “compromisos” locales— alimenta el pánico.
Para República Dominicana, esto es un espejo incómodo:
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La diáspora como fuerza económica (remesas, sostenimiento familiar) sigue viviendo, en muchos casos, bajo un estrés que enferma.
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El miedo migratorio ya funciona como un “determinante social de la salud”: te cambia decisiones básicas, te reduce años de vida, te empuja a tratar el cuerpo como si fuera evidencia.
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Y lo más cínico: el sistema termina “ahorrándose” una consulta… pero pagando con un cadáver. (Y con una familia rota.)
Para TeclaLibre, el mensaje no es solo “qué pena”. Es más ácido: cuando la ley empuja a la gente a esconderse, también esconde la enfermedad. Y cuando el Estado convierte el hospital en rumor de celda, entonces la medicina deja de ser derecho y se vuelve riesgo.
Félix Cabrera murió “en su cama”, dicen. Sí. Pero no murió tranquilo: murió como mueren los que viven con la garganta apretada—no por el infarto, sino por la idea de que pedir auxilio es delatarse.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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