El Rial al abismo y la pólvora en el aire: Irán arde bajo la sombra de Trump
TEHERÁN / WASHINGTON – Si usted pensaba que el 2026 iba a darnos un respiro, el inicio de año en Irán le tiene una respuesta en forma de barricada. Lo que comenzó como un murmullo de comerciantes indignados por el precio del pan, hoy es un grito de guerra en las calles de Azna, Lordegan y Teherán. El rial, esa moneda que ya no sirve ni para coleccionar nostalgia, se ha desplomado a niveles de ciencia ficción (superando el millón y medio por dólar), y el pueblo iraní, harto de comer promesas y beber escasez, ha decidido que el hambre duele más que las porras.
El jueves no fue un día cualquiera. Fue el quinto día de un levantamiento que ya huele a 2022, pero con un ingrediente extra: la desesperación energética. Mientras las ciudades se quedan a oscuras y los grifos escupen aire, la represión ha dejado ya un saldo de al menos siete muertos, incluido un agente de seguridad que no sobrevivió a la furia de los manifestantes. Los videos que escapan de la censura muestran lo de siempre: gases, pedradas y ese eco de disparos que las autoridades juran que «no vienen de ellos».
Y como si la tensión no fuera suficiente, desde su púlpito digital en Truth Social, el hombre del tupé incombustible ha decidido echarle gasolina al fuego. Donald Trump, en un tono que oscila entre el mesianismo y la amenaza de mudanza militar, ha soltado la bomba:
«Si Irán dispara y asesina violentamente a manifestantes pacíficos, como es su costumbre, Estados Unidos acudirá a su rescate».
Para quienes tienen memoria corta (o no leen la letra pequeña), esto no es una frase vacía. Todavía está fresco el recuerdo de junio de 2025, cuando la «Operación Martillo de Medianoche» —ese bombardeo quirúrgico (o carnicero, según a quién pregunte) coordinado con Israel— redujo a escombros las instalaciones nucleares de Fordo, Natanz e Isfahán. Aquello dejó un rastro de mil muertos y un mensaje claro: en el tablero de Trump, las «líneas rojas» se dibujan con Tomahawks.
¿Realmente le preocupa a Washington el bienestar del manifestante de a pie en Isfahán? La picardía diplomática sugiere que el «rescate» que ofrece Trump tiene menos de ayuda humanitaria y más de oportunismo estratégico. Con Irán debilitado económicamente y sus joyas nucleares en ruinas tras los ataques de junio, el gobierno de los Ayatolas está entre la espada de su propia gente y la pared de un Pentágono que parece estar esperando solo una excusa (o un posteo más) para terminar el trabajo.
Desde Teherán, la respuesta ha sido la de manual: «la seguridad de Irán es una línea roja», dice Ali Shamjani. Pero lo cierto es que el presidente Pezeshkian está en una posición envidiable para nadie: por un lado, reconoce que las protestas son «legítimas» (claro, con la inflación al 42%, hasta el más santo protesta), y por otro, sabe que si la mano dura se le pasa de rosca, los bombarderos B-2 podrían volver a visitar el cielo persa.
El rial ha perdido la mitad de su valor en apenas un año. Hoy, vivir en Irán es un ejercicio de prestidigitación financiera que ni el mejor mago de Wall Street podría resolver.
¿Qué sigue? Esté atento a los movimientos en el Golfo Pérsico. Si la cifra de muertos sube este fin de semana, el «rescate» de Trump podría dejar de ser un post de redes sociales para convertirse en una realidad de estruendos supersónicos.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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