-La jornada electoral transcurrió marcada por el mal clima y una afluencia irregular de votantes-
La nieve cayó sin pedir permiso, como cae la política cuando se vuelve inevitable. Este 8 de febrero, Japón votó con bufanda, paraguas y paso corto sobre el hielo. Y aun así, votó. O votó lo suficiente. Porque, según los sondeos, Sanae Takaichi —ultraconservadora, persistente, dos veces derrotada y dos veces subestimada— está a punto de regresar al Parlamento con una mayoría amplia en la Cámara Baja, como quien vuelve a casa después de un invierno largo.
No fue una jornada electoral cualquiera. Las fuertes nevadas paralizaron trenes, vaciaron aceras y enfriaron la participación, sobre todo en zonas rurales y del norte del país. Aun así, las urnas hablaron. Tal vez con voz baja, pero clara: el oficialismo resiste, y Takaichi también.
La escena tuvo algo de postal japonesa: colegios electorales cubiertos de blanco, votantes entrando en silencio, funcionarios contando papeletas mientras afuera caía la nieve como si nada estuviera en juego. Pero sí había mucho en juego. Tras dos tropiezos previos en las urnas, Takaichi necesitaba algo más que sobrevivir políticamente: necesitaba revalidar autoridad. Y los números, al cierre de la jornada, le guiñaron el ojo.
Los sondeos a pie de urna apuntan a que su partido y sus aliados recuperan con holgura el control de la Cámara de Representantes, una mayoría suficiente no solo para gobernar, sino para hacerlo con margen, sin depender demasiado de pactos incómodos ni concesiones de último minuto. Una victoria que no suena épica, pero sí sólida. Como Japón cuando decide no cambiar demasiado.
La oposición, dispersa y sin relato común, volvió a quedar atrapada entre la apatía del electorado urbano y la fidelidad conservadora del voto tradicional. La nieve tampoco ayudó: menos participación suele beneficiar a quien ya tiene el aparato, el voto fiel y la maquinaria bien aceitada. Y ahí Takaichi juega de local.
Durante la campaña, la primera ministra no prometió milagros. Habló de seguridad, de defensa, de identidad nacional, de una economía que aguanta, pero cruje. Un discurso firme, a ratos áspero, que conecta con un país envejecido, inquieto por su entorno regional y poco entusiasta con las aventuras políticas. En tiempos de incertidumbre, Japón eligió —otra vez— la idea de estabilidad, aunque venga envuelta en rigidez ideológica.
Queda por ver cómo se traducirá esta mayoría en gobierno efectivo: si abrirá la puerta a reformas de fondo, si endurecerá el tono en política exterior, o si simplemente consolidará un rumbo ya conocido. Por ahora, el mensaje es simple y casi poético: ni la nieve detuvo a Takaichi.

Japón votó con frío, con prisa y con resignación. Y al final del día, mientras los copos seguían cayendo sobre Tokio, la política japonesa volvió a demostrar su vieja costumbre: cambiar lo justo para que todo siga funcionando. Aunque sea a paso lento, sobre hielo.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
rodriguezsluism9@gmail.com https://teclalibremultimedios.com/category/portada

