Haiti, 2 de marzo de 2025
Jimmy Chérizier, conocido como «Barbecue», líder de la poderosa coalición de pandillas «G9 y Familia» y parte de la alianza «Viv Ansanm», reapareció en un video breve difundido en redes sociales para desmentir rumores sobre su supuesta muerte.
Estos rumores surgieron tras una operación policial a gran escala realizada el día anterior, el 1 de marzo, en su bastión en la zona baja de Delmas, Puerto Príncipe, Haití. En el video, Chérizier, vestido de negro y rodeado de sus seguidores armados, afirmó: «Seguimos vivos» y cuestionó la efectividad de la operación policial, preguntando a sus lugartenientes si había habido una incursión en Bas-Delmas, a lo que respondieron «No, jefe». Además, lanzó amenazas de represalias, mencionando el uso de «drones explosivos» y asegurando que «la fuerza debe ser proporcional», sugiriendo una escalada en el conflicto con las autoridades haitianas.
La operación policial, según declaraciones del gobierno haitiano, tenía como objetivo capturar a Chérizier y desmantelar su control sobre áreas clave de la capital. Aunque se reportó la muerte de varios de sus hombres, el líder pandillero escapó del cerco, lo que pone en duda la capacidad de la Policía Nacional de Haití (PNH) para contener su influencia.
Este evento ocurre en un contexto de creciente inestabilidad en Haití, exacerbada desde el asesinato del presidente Jovenel Moïse en julio de 2021, y tras la renuncia del ex primer ministro Ariel Henry en 2024, dejando un vacío de poder que las pandillas han aprovechado.
La operación en Bas-Delmas refleja un intento del gobierno haitiano por recuperar el control de zonas dominadas por pandillas, que según estimaciones de la ONU controlan aproximadamente el 80% de Puerto Príncipe. Sin embargo, la huida de Chérizier y su rápida respuesta pública sugieren que las fuerzas de seguridad enfrentan serias limitaciones, ya sea por falta de recursos, coordinación o infiltración de elementos corruptos.
La PNH, con solo unos 9,000 agentes activos para una población de más de 11 millones, está claramente superada en número y armamento por las pandillas, lo que pone en evidencia la fragilidad institucional del país.
Chérizier, un ex policía de la Unidad para el Mantenimiento del Orden, ha consolidado su poder desde su salida de la fuerza en 2018, tras ser implicado en la masacre de La Saline. Su transición de agente del orden a líder criminal encarna la porosidad entre las instituciones estatales y las redes delictivas en Haití.
Su liderazgo del G9, formado en 2020, y la posterior alianza «Viv Ansanm» con otras pandillas, lo han convertido en una figura casi mítica, combinando violencia extrema con un discurso populista que lo presenta como un «revolucionario» contra las élites. Este video reciente no solo desmiente su muerte, sino que refuerza su imagen de invulnerabilidad y desafío al Estado.
Las referencias a «drones explosivos» y represalias «sangrientas» indican una posible intensificación de la violencia. Aunque no hay evidencia concreta de que Chérizier posea esta tecnología, su declaración sugiere una estrategia de intimidación y una capacidad para adaptarse a las tácticas del enemigo.
Esto podría implicar una mayor sofisticación en los enfrentamientos, elevando el riesgo para la población civil y complicando aún más la situación humanitaria, con más de 4 millones de personas en Haití enfrentando hambre aguda según datos recientes.
La reaparición de Chérizier coincide con un momento de transición política tras la salida de Ariel Henry y la llegada de un nuevo primer ministro interino, Alix Didier Fils-Aimé. La incapacidad de capturar al líder pandillero debilita la legitimidad del gobierno y podría alimentar las críticas de una población agotada por la inseguridad.
Además, su mención al asesinato de Moïse como precedente («cualquiera puede sufrir la misma suerte») sugiere una amenaza directa a las autoridades, perpetuando un ciclo de violencia e impunidad.
Mientras el gobierno celebra la operación como un éxito parcial por la eliminación de algunos pandilleros, la supervivencia de Chérizier y su desafío abierto contradicen esta narrativa. La falta de transparencia sobre los detalles del operativo y la ausencia de una estrategia clara para abordar las raíces de la crisis —como la corrupción y la pobreza— plantean dudas sobre la efectividad de estas acciones. La dependencia de apoyo internacional, como la misión propuesta por Kenia, aún no materializada, deja a Haití en un limbo peligroso.
El desmentido de Chérizier sobre su muerte no solo reafirma su control sobre Puerto Príncipe, sino que expone las profundas fallas del Estado haitiano. Su capacidad para evadir a las autoridades y su retórica beligerante auguran un recrudecimiento del conflicto, con consecuencias devastadoras para un país ya al borde del colapso.
Este episodio subraya la necesidad de una solución integral que trascienda las operaciones policiales, abordando las causas estructurales de la violencia y el poder de las pandillas. Sin ello, figuras como «Barbecue» seguirán siendo protagonistas de la tragedia haitiana.

