
Por Ramon Espinola
POR EL TRILLO DE LA INTRAHISTORIA NACIONAL
JUAN BAUTISTA ESPÍNOLA
(Músico vegano, prodigio de la patria entera y pesadilla rítmica de los pies inmóviles)
Para el año de 1918, el Maestro Juan Bautista Espínola era ya una celebridad sonora en la geografía musical dominicana.
Sus criollas, danzas, danzones, marchas y merengues circulaban con la misma naturalidad con que circulan los rumores en los parques de pueblo: nadie sabía exactamente quién los empezó, pero todos los tarareaban.
Sin embargo, su reinado no residía solamente en la composición, sino en su dominio magistral del clarinete, instrumento que en sus manos dejaba de ser madera y metal para convertirse en una extensión del alma caribeña… y, según algunos cronistas, en un arma peligrosa contra la solemnidad excesiva.
Diversos documentos sostienen que el joven Espínola fue el primer músico en atreverse —con valentía casi revolucionaria— a ejecutar un merengue en un baile de sociedad, hecho ocurrido en el Casino Central de La Vega. En una época donde la élite bailaba con rigidez casi diplomática, introducir el merengue fue equivalente a abrir las ventanas del protocolo para que entrara el pueblo… con tambora incluida.
La Lira Vegana y la arquitectura sonora del Caribe
El formato instrumental de su orquesta, La Lira Vegana, guardaba notables similitudes con la llamada orquesta típica cubana, ampliamente utilizada entonces para interpretar danzones. No era casualidad: el Caribe siempre ha sido un gran laboratorio musical donde los ritmos viajan más rápido que los barcos.
Espínola organizó su conjunto con:
• Dos clarinetes
• Dos bombardinos
• Saxofón
• Cornetín
• Tuba
• Contrabajo
• Timbales
• Güira
• Tambora
Mientras tanto, la orquesta típica cubana incluía:
• Dos clarinetes
• Cornetín
• Trombón de pistones
• Figle
• Contrabajo
• Timbales
• Güiro
Esta cercanía estructural permitió que el danzón se convirtiera en uno de los grandes pilares del repertorio de la Lira Vegana. Bajo la batuta de Espínola, el género alcanzó una elegancia que hacía bailar tanto al aristócrata como al que se colaba sin invitación.
Piezas como Pepe Virita, Yamí y El clarinete brujo alcanzaron enorme popularidad.
Mientras tanto, merengues como Terapéutica, Burende Adentro y Rubén demostraban que la música dominicana podía ser, al mismo tiempo, medicina social y fiesta colectiva.
El músico total
Espínola fue compositor, arreglista, orquestador y director. En términos modernos, habría sido productor, multiinstrumentista, creador de contenido y probablemente víctima de algoritmos injustos. Pero en su tiempo solo necesitaba talento… y una mente disciplinada.
Logró recorrer el país con su agrupación y, según diversas fuentes, fue el primer compositor dominicano cuyas obras fueron grabadas por RCA Víctor, cuando grabar música era casi un acto de inmortalidad mecánica.
Formación, disciplina y vida militar
Inició sus estudios de solfeo y clarinete en 1905 bajo la guía del profesor Francisco Soñé (Pancho). Su talento fue tan evidente que rápidamente ocupó el puesto de segundo clarinete en la Banda de Música de La Vega.
En 1907 ya ejercía la misma función en la orquesta dirigida por Rafael Morfa.
En 1908 ingresó a la Orquesta Unión Artística del músico español Manuel Puello, permaneciendo allí hasta 1911, cuando se incorporó al Ejército Nacional.
Para 1913 ostentaba el rango de Teniente del Estado Mayor bajo el mando del General Tadeo Álvarez.
La historia dominicana tiene esa curiosa tradición: muchos de sus músicos sabían marchar… pero también sabían hacer bailar.
La anécdota operática (o cuando La Vega conquistó Italia… sin salir de La Vega)
Durante su servicio militar ocurrió uno de los episodios más memorables. Una compañía de ópera italiana llegó a presentarse en el Teatro La Progresista, pero su clarinetista enfermó.
La solución fue simple y patriótica:
—“Busquen a Espínola.”
Con permiso militar, acudió a la presentación y ejecutó el clarinete con tal virtuosismo que, al finalizar, fue cargado en hombros por el público. No todos los días un oficial del ejército termina un servicio siendo celebrado por italianos emocionados.
Regreso a la música total
En el verano de 1915 abandonó la vida militar y regresó definitivamente a La Vega. Allí fundó la Orquesta Lírica Vegana.
Para 1918 ya era reconocido como uno de los músicos y compositores dominicanos más brillantes de su generación. Su producción abarcó:
• Valses
• Danzones
• Danzas
• Merengues
• Fox-trots
• Marchas
• Pasodobles
• Criollas
Era, en esencia, un arquitecto del sonido nacional.
El genio en tiempos sin Wi-Fi
En su época no existían redes sociales, ni marketing digital, ni estudios con botones luminosos.
Solo existían:
• Disciplina
• Talento
• Papel pautado
• Y una mente que parecía escuchar la música antes de que existiera.
El silencio final
Juan Bautista Espínola falleció el 29 de septiembre de 1923, en la misma ciudad que lo vio nacer.
Murió joven para los estándares del arte…
Pero lo suficientemente eterno para los estándares de la historia.
Porque algunos músicos mueren.
Y otros simplemente dejan de respirar… mientras suenan para siempre.

