Rostros en el fango: La cara humana de la tragedia de Adamuz
Por Redacción TeclaLibre
Cuando el metal deja de crujir, lo que queda es el silencio del campo cordobés roto por los gritos. Detrás de la cifra fría de 39 fallecidos, hay historias que hoy empiezan a circular por los pasillos del Hospital Reina Sofía y el pabellón de Adamuz. No eran solo pasajeros; eran opositores, familias que volvían del fin de semana y trabajadores del propio sistema ferroviario.
El balance es desolador. Entre los 39 muertos, la diversidad de perfiles refleja la cotidianidad del tren en España:
Se ha confirmado la muerte del maquinista del Alvia de Renfe. Su cabina recibió el impacto directo del vagón de Iryo que invadió su vía. Entre los relatos más duros está el de Marta, una joven que hoy lunes debía presentarse a las oposiciones de Hacienda. Su compañera de viaje, Montoya, relataba entre lágrimas cómo la Guardia Civil tuvo que ayudar a la joven mientras esta repetía: «No me quiero morir, mañana tengo el examen».
De los 24 heridos en estado crítico, cuatro son menores. Uno de ellos permanece en la UCI del hospital de Córdoba con pronóstico muy reservado.
Para los supervivientes, la palabra más repetida es «terremoto». No fue un frenazo, fue una vibración violenta que lo cambió todo en segundos.
María Vidal (32 años, vagón 4 del Alvia): «Todo vibró y de repente se fue la luz. Estuvimos 40 minutos encerrados antes de poder salir. Cuando bajé a la vía, vi a personas muy jodidas. Gritos horribles. Sigo temblando».
Montse Ruiz (último vagón de Renfe): «Las maletas y las personas salieron despedidas. Yo iba en el último coche y por eso creo que estoy viva. He vuelto a nacer».
Merakio (Influencer argentino): «Nos pasó un tren por al lado y se movió todo. Veo las imágenes ahora y no lo puedo creer. Por un momento pensé que nos moríamos».
Si algo brilla en esta crónica negra es la respuesta de Adamuz. Un pueblo de apenas 4.000 habitantes que no esperó a las ambulancias.
Vecinos del pueblo, como un vendedor de la ONCE local, utilizaron sus propios vehículos y quads para trasladar heridos desde la zona del terraplén (de difícil acceso) hasta la carretera.
La caseta municipal se convirtió en un hospital de campaña improvisado donde los vecinos llevaron mantas, agua y cargadores para que los pasajeros pudieran avisar a sus familias.
Los bomberos confirman que la mayoría de las víctimas mortales se concentraron en los dos primeros vagones del Alvia, que fueron los que volcaron por el talud. Allí, el trabajo durante la madrugada ha sido «quirúrgico» para recuperar los cuerpos entre el hierro retorcido.
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Ingresados: 73 personas.
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UCI: 12 pacientes (incluyendo un menor).
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Altas: Más de 100 personas atendidas por cortes leves y ataques de ansiedad ya han podido abandonar los puntos de asistencia.
-Luis Rodríguez Salcedo para TeclaLibre-
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