Los Cocos, Capotillo: una madrugada teñida de sangre, dolor y rabia popular
Por Redacción Teclalibre Digital
En la madrugada del pasado domingo, el silencio de la empobrecida barriada de Los Cocos, en Capotillo, fue quebrado por los gritos de auxilio, los golpes desesperados y, finalmente, por la indignación desbordada de toda una comunidad. En un escenario repetido —pero nunca normalizado— la violencia machista volvió a cobrar vida y justicia, aunque por la vía más cruda: la del linchamiento.
Nesla Garson, una joven haitiana de apenas 19 años, fue asesinada a golpes presuntamente por su pareja sentimental, Galbeltho Morland, de 22, también de nacionalidad haitiana. Lo que habría comenzado como una discusión doméstica, desembocó en una brutal agresión que dejó a la joven con el rostro y el cráneo desfigurados, según el informe preliminar de las autoridades.
Los vecinos, alertados por los gritos y el escándalo, no llegaron a tiempo para salvar a Nesla. Pero sí para encontrar a Morland, aún en el lugar de los hechos, y lo lincharon con furia. Su cuerpo fue hallado con múltiples traumas contusos. Según narró su propio hermano, fue trasladado con signos vitales al hospital Francisco Moscoso Puello, pero murió antes de recibir atención médica.
En la vivienda donde ocurrió el crimen, la Policía encontró una maceta de mango amarillo. Esa habría sido el arma improvisada del femicida.
Un ciclo de violencia truncado por la rabia
El crimen de Nesla es más que una estadística. Era una joven con toda la vida por delante, atrapada en una relación que, al parecer, ya mostraba signos de toxicidad. ¿Pidió ayuda? ¿Quién la escuchó? ¿Quién pudo —y no quiso— intervenir antes del desenlace?
La violencia de género no distingue fronteras ni nacionalidades. Pero sí encuentra caldo de cultivo en la pobreza, la exclusión y el silencio institucional. Y cuando las respuestas del Estado llegan tarde —o simplemente no llegan— es la turba la que decide intervenir. A su modo. A su tiempo.
¿Justicia popular o justicia fallida?
El linchamiento de Morland reabre un viejo y áspero debate: ¿puede el dolor justificar la venganza? ¿Qué sucede cuando la justicia formal es tan lenta que los vecinos se ven obligados a actuar como jueces y verdugos? ¿Quién responde entonces por el caos?
En Los Cocos, no hay respuestas. Solo preguntas y rabia.
Capotillo exige más que promesas
Mientras la Policía Nacional levanta evidencias y hace declaraciones de protocolo, los moradores de Capotillo entienden, una vez más, que están solos. Las campañas contra la violencia machista no cruzan el río Isabela. Las patrullas brillan por su ausencia. Y los rostros golpeados —literal y simbólicamente— no llenan portadas ni agendas políticas.
Nesla no murió por amor, como dirán algunos. Murió por un sistema que la dejó sola. Y Galbeltho no murió por odio, sino por la ausencia de justicia real.
En Los Cocos, como en tantas otras esquinas olvidadas del país, la ley llega tarde… o simplemente no llega.

