Desde el sur de Florida están saliendo cargamentos de combustible hacia Cuba. Es una operación poco visible que en las últimas semanas ha cobrado impulso, antes de que se conociera la decisión del Gobierno de Donald Trump de autorizar el arribo de un buque petrolero ruso a la isla. Los envíos —que reportes recientes cifran en unos 30.000 barriles en lo que va de año— están lejos de satisfacer la demanda cubana, pero han sido más que suficientes para desatar duras críticas en el exilio entre quienes consideran que pueden terminar ofreciendo oxígeno de forma indirecta al régimen de La Habana.
La escalada de presión desde Washington, que ha reforzado las restricciones sobre el suministro de combustible y ha llevado a la isla al límite, encendiendo las alertas sobre una posible crisis humanitaria, tiene una excepción previa al permiso otorgado al barco con bandera de Rusia. El mes pasado, la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro (OFAC) recordó que el embargo estadounidense hacia Cuba sí permite la venta de combustible directamente a los negocios privados en la isla. La OFAC autorizó además la reventa de petróleo venezolano al sector privado, siempre y cuando las transacciones excluyan las entidades estatales y militares.
Bajo esa regulación, las empresas privadas en la isla, conocidas como mipymes (micro, pequeñas y medianas empresas), son los destinatarios del combustible que se envía desde EE UU, pero la importación se realiza a través de empresas estatales cubanas. Estas son las únicas autorizadas para recibir los cargamentos en el puerto del Mariel, al oeste de La Habana, explica Diobel García, un cubano radicado en Miami que recientemente envió combustible desde el Puerto Everglades, en Fort Lauderdale, al norte de Miami. “Las importadoras son estatales. Pero el cliente es privado”, resume.
Su empresa, Flash Kingz, con sede en Miami, tiene licencia de la OFAC para comerciar con la isla. El proceso le tomó entre dos y tres semanas, asegura García. El combustible se transporta en contenedores cisterna especializados que cargan hasta 24.000 litros. “Todo está estrictamente regulado por la OFAC. Antes de que salgan los contenedores, tienes que enviar la información del combustible y la aduana revisa todo y emite la autorización”, explica.
Recientemente, García envió un isotanque a una mipyme que vende alimentos en Cuba, pero la carga iba dirigida a la empresa estatal cubana MetalCuba, que actúa como intermediario. La empresa privada le paga a la estatal por el servicio. A él le pagan por transferencia bancaria en EE UU los familiares de los dueños de la mipyme en Cuba. Si bien el proceso fue un poco engorroso, no hubo ningún percance, aclara García. “Es difícil que se pierda petróleo porque va sellado”.
Pero no todos se sienten cómodos con estas operaciones. Un empresario que participa en la cadena de envíos de combustible desde el sur de Florida pero prefiere mantener el anonimato apuntó a que, aunque el proceso es legal, le genera un conflicto moral. “La mayoría de las personas están en contra de que se mande petróleo a Cuba, incluyéndome a mí. Me siento incómodo cuando lo hago, pero es mi trabajo. Yo solo cumplo con las regulaciones de Estados Unidos”.
Según cifras citadas por Reuters, al menos 61 buques han descargado mercancías en Cuba en lo que va de año, incluyendo combustible, en rutas que conectan regularmente con EE UU, Europa y el Caribe. La mayoría de las operaciones se han concentrado en el puerto del Mariel.
Los envíos han desatado críticas en el exilio, donde políticos de línea dura, incluyendo los legisladores cubanoamericanos Carlos Giménez, María Elvira Salazar y Mario Díaz-Balart, han pedido suspender los vuelos y envíos de remesas para aumentar la presión económica todavía más. Incluso la oficina del Recaudador de Impuestos de Miami-Dade, un cargo no político, inició en enero una ofensiva sin precedentes para fiscalizar a empresas locales con presuntos vínculos comerciales no autorizados con Cuba.
Mientras tanto, la Administración Trump repite semana tras semana que se acerca la caída del régimen castrista en la isla, sin dar más detalles. Esto ha generado nuevos bríos en el exilio, con manifestaciones, acuerdos entre opositores y discusiones sobre quién podría ser el próximo presidente.
El secretario de Estado, Marco Rubio, considerado la cabeza detrás de la política hacia la isla, ha respaldado abiertamente el comercio con el sector privado como una forma de debilitar el control estatal. También, de acuerdo a numerosos reportes, ha estado detrás de conversaciones con la familia Castro, las cuales han sido rechazadas frontalmente por los exiliados. El Departamento de Estado remitió preguntas para este reporte a comentarios de Rubio este viernes en París, Francia, tras una reunión del G7 sobre Irán, donde reafirmó que quiere un cambio de régimen en Cuba. Expresó que la economía no puede transformarse a menos que su estructura política cambie también.
En paralelo, ante el deterioro de las condiciones de vida en la isla, la ONU ha advertido sobre una posible emergencia humanitaria. En ese sentido, ha planteado establecer un mecanismo para suministrar combustible con fines humanitarios para hospitales y otros servicios básicos, pero eso todavía no se materializa.
Para el experto en energía Jorge Piñón, la cifra citada de 30.000 barriles de petróleo enviados desde Florida es apenas “una gota de agua en el desierto”. “Cuba consume alrededor de 22.000 barriles diarios de diésel. Así que si en los últimos meses han enviado un total de 30.000 barriles, no es nada. Si lo tomas en total, en un mismo momento, es un día y medio de demanda”, asegura.
“Un país no puede vivir a gotas. Esto son gotas, y hay una gran sequía. El impacto en la economía es mínimo; el principal es para estas pequeñas empresas que lo necesitan para suministrar a sus camiones con los que viajan por toda Cuba repartiendo los paquetes a los familiares de la gente que les manda desde aquí de Miami”, agrega Piñón.
Por otra parte, Piñón anticipa que el aumento del precio del combustible en EE UU como consecuencia de la guerra con Irán hará mella en los envíos a Cuba. “El precio del diésel es el doble que hace tres o cuatro semanas. Esa alza se la tienen que pasar al consumidor, y la gente en Cuba no aguanta más con la inflación. Así que vamos a ver una baja en los envíos, porque al final alguien va a tener que pagar el costo de distribución”.

