«…todo escritor que crea es un mentiroso, la literatura es mentira; pero de esa mentira sale una recreación de la realidad; recrear la realidad es, pues, uno de los principios fundamentales de la creación”. Juan Rulfo 1917-1986
Magnífico adiós de unos ojos amarillos, de Roberto Marcallé Abreu, es el primero de los relatos de ‘Sábado de sol después de las lluvias’, que nos introduce en un barrio de la ciudad capital de la República Dominicana que tiene una historia muy interesante ‘Villa Juana’.
Es bueno recordar que la ciudad de Santo Domingo fue devastada por el poderoso ciclón San Zenón el 3 de septiembre de 1930 y la ciudad se fue ensanchando con pobladores obreros de los barrios, San Carlos, Villa Francisca y Villa Duarte.
Oficialmente fundado el 11 de julio del 1947 un año antes del nacimiento del autor de estos relatos, cuna de destacadas personalidades y artistas: Johnny Ventura, Corporán de Los Santos, Julio Sabala, Leo Corporán entre muchos más.
Enmarcada entre las calles San Martín (Sur) y Pedro Livio Cedeño (Norte), Manuel Ubaldo Gómez (Este) y Máximo Gómez (Oeste). En principio sus calles eran numeradas, son famosas la 2, la 20 y la 40, luego del ajusticiamiento del tirano fueron nombradas con héroes del 30 de mayo de 1961.
Creo que las estampas de estos relatos son verdaderas, que reflejan la cotidianidad, la vida del barrio desde la segunda mitad de la década del 50 y la del 60 del siglo pasado.
La Escuela República Dominicana fue inaugurada en el año 1952. El Club Mauricio Báez se inauguró en el 1963, el Cementerio de la Máximo Gómez se inauguró en 1942, Radio Televisión Dominicana el 1 de agosto de 1942.
Las casas eran de madera y techos de zinc, portones de madera, cercas de alambres de púas, jardines con cayenas y patios con siembra de plátanos, auyamas y chinolas. La muchachada del barrio jugaban con rueda de hierro que atizaban con un palo… y peleaban a los puños en pandillas, disputándose el territorio y las muchachas del lugar.
Cuatro estaciones del Metro de Santo Domingo ofrecen acceso a este barrio capitaleño densamente poblado en la actualidad.
Así comienza el relato:
«La figura de Licinio, como una maldición, cruzó por la acera a mi lado haciendo un ruido descomunal. La rueda de hierro sonaba, caf, tac! cuando la atizaba con el palo, saltó al chocar con la acera rota en el hueco irregular donde hombres con overoles azules habían sembrado, años atrás, los contadores metálicos del acueducto. En la casa de Ramona, la voz afectada y melosa de Lucho Gatica interpretaba Las muchachas de la plaza España».
Amelfis una joven de 14 años, rubia hermosa, recién llegada al barrio, comentaban los vecinos, que vivían en una cuartería y ahora van a pagar 15 pesos en una pieza.
Manuel es un jovencito queda prendado de Amelfis y en sus sueños y su lectura de La Dama de las Camelias, cree ser Armando Duval y ella Margarita Gautier...
“No la pude ver a Amelfis al día siguiente. Y este tercer día, al volver de la tanda vespertina del colegio, me dije que de todas formas la vería, que necesita verla. Y ahí estaba ella. Yo me llamo Manuel, le dije. Me observaba con interés y temor, lo vi en sus ojos amarillos. Yo me llamo Amelfis. Volvió el rostro, como escrutando, para ver si venia su madre. Quiero hablar contigo, le dije, pero… Después, dijo ella. ¿Cuándo?, pregunté. Mañana, dijo. Voy a estar ahí en el callejón, o en el patio. Mami y papi van a salir, vendrán tarde. Ven en la tardecita».
Este relato refleja realidades sociales, económicas y culturales de nuestra idiosincracia….

