EE. UU. intensifica su guerra marítima: otra lancha «narcotraficante» destruida, 3 muertos y ya son más de 130
Las fuerzas armadas de Estados Unidos volvieron a disparar y hundir una embarcación en el Caribe, esta vez cerca de las costas de Venezuela, afirmando que se trataba de una lancha supuestamente vinculada al narcotráfico. El Comando Sur aseguró en su cuenta oficial de X que el bote transitaba por rutas que, según ellos, son utilizadas por organizaciones delictivas para transportar drogas en aguas internacionales del Caribe.
El resultado oficial del operativo: tres tripulantes muertos, ninguna baja militar estadounidense y un comunicado donde se repite la narrativa de que la acción forma parte de la lucha contra el crimen organizado.
Pero al colocar este suceso en contexto, surgen profundas preguntas sobre lógica, legalidad y geopolítica.
Desde septiembre de 2025, bajo la llamada Operación Southern Spear, el ejército estadounidense ha lanzado decenas de ataques contra embarcaciones que, según Washington, estarían conectadas al narcotráfico en el Caribe y el Pacífico.
Con esta nueva acción, el número total de personas fallecidas en estos ataques supera las 130, en al menos 38 incidentes reportados hasta ahora.
Esto es mucho más que cifras aisladas: es una política militar extendida que mata en alta mar sin juicio ni procesos judiciales —simplemente basándose en la acusación de tráfico de drogas o vínculos criminales que rara vez se documentan públicamente.
Estados Unidos presenta estos ataques como parte de un esfuerzo para “desarticular organizaciones criminales” que amenazarían la seguridad regional.
Sin embargo, el patrón de operaciones y el contexto político sugieren algo más grande:
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La política ha coincidido con una militarización creciente del Caribe, la cual incluye bloqueos navales, despliegue de buques de guerra y operaciones en aguas cercanas a Venezuela.
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En enero de 2026, fuerzas estadounidenses incluso llevaron a cabo una intervención en Caracas, deteniendo y trasladando al ex presidente venezolano Nicolás Maduro a una prisión federal en EE. UU. —un hecho sin precedentes.
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El Comando Sur, bajo el mando del general Francis Donovan, ha intensificado los ataques esta semana, acumulando tres acciones letales en pocos días.
Ese contexto pone en cuestión si estas acciones son realmente operaciones de narcóticos o parte de una estrategia de presión y dominio geopolítico en la región, que normaliza la violencia militar en aguas internacionales.
Organizaciones internacionales y expertos en derecho han señalado que estos ataques podrían constituir ejecuciones extrajudiciales, ya que no hay evidencia pública ni procesos judiciales que respalden la acusación de crimen para quienes son atacados en alta mar.
La lógica parece ser: identificar un barco sospechoso, atacarlo desde el aire o desde la mar, y catalogar a quienes estaban a bordo como narcotraficantes o “narcoterroristas”, sin transparencia ni verificación independiente.
Este tipo de acciones no solo intensifica la militarización en el Caribe y Pacífico, sino que socava el derecho internacional y la soberanía de los pueblos marítimos. A corta distancia de Venezuela —un país ya diezmado por sanciones, crisis internas y tensiones externas—, Estados Unidos continúa operacionalizando una política de fuerza que parece irreversible.
Mientras tanto, los nombres de los muertos, sus historias, sus familias o incluso pruebas claras de participación criminal quedan enterrados bajo la narrativa oficial de guerra contra el narcotráfico.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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