Más de 200.000 personas han marchado este sábado, según la estimación de los organizadores ―duplicando sus pronósticos iniciales―, por las calles de Múnich para protestar contra las autoridades iraníes. La manifestación se ha desarrollado en los aledaños de la Conferencia de Seguridad que se celebra esta semana en la capital bávara, uno de los foros más importantes del año en política exterior.
El grupo Círculo de Múnich ha convocado esta marcha bajo la consigna “Derechos Humanos y Libertad para Irán: Solidaridad Internacional con el Pueblo Iraní, aprovechando la presencia de líderes políticos y militares de todo el mundo en la ciudad alemana. La Conferencia de Seguridad de Múnich, que se inauguró este viernes y se prolongará hasta el domingo, se considera la principal reunión mundial de expertos en políticas de seguridad. Más de 60 líderes mundiales y alrededor de 100 ministros de Exteriores y de Defensa asisten a esta edición.
Las autoridades municipales de Múnich han informado de que se han registrado más de 15 manifestaciones adicionales relacionadas con la conferencia para el fin de semana. Las protestas han representado un aumento de trabajo para la policía. El recinto de la conferencia, el lujoso Hotel Bayerischer Hof en el centro de la ciudad, ya es una zona de alta seguridad con cierres de carreteras y controles policiales.
El opositor iraní Reza Pahlavi, que ha participado como ponente en la Conferencia de Seguridad, también ha estado en la manifestación. En sus alocuciones ha dicho que una intervención militar estadounidense en Irán podría salvar vidas y pidió al gobierno de Donald Trump que no dedicara demasiado tiempo a negociar un acuerdo nuclear con los gobernantes de Teherán.
El hijo exiliado del derrocado sha de Irán ha dicho, en una entrevista a Reuters, que había señales de que el gobierno iraní estaba al borde del colapso y que un ataque podría debilitarlo o acelerar su caída. “Es cuestión de tiempo. Esperamos que este ataque acelere el proceso y que la gente pueda por fin volver a las calles y llevarlo hasta la caída definitiva del régimen”, ha señalado Pahlavi, que reside en Estados Unidos y vive fuera de Irán desde antes de que su padre fuera derrocado en la Revolución Islámica de 1979.
Pahlavi ha celebrado la labor de los manifestantes, en Múnich y otros puntos del planeta. “Hoy, miles de personas desde Múnich hasta Toronto y Los Ángeles se han sumado a mi llamamiento a una jornada de acción global en solidaridad con el pueblo iraní. Están enviando un mensaje claro a los líderes de las democracias occidentales para que se solidaricen con el pueblo iraní”.
El opositor ha hablado de una “hora de profundo peligro”, ante la cual el mundo debe decidir si se solidariza con el pueblo iraní o si vuelve a dejarse apaciguar por el liderazgo iraní. “El destino de Irán no es solo un asunto iraní. Es una prueba decisiva para la seguridad global en nuestra época. Durante casi medio siglo, la República Islámica ha actuado como una empresa revolucionaria, exportando inestabilidad a través de sus representantes, socavando la soberanía de sus vecinos, alimentando conflictos en diversas regiones e impulsando sus ambiciones nucleares”, ha manifestado.
“Pero algo irreversible ha cambiado”, ha expresado Pahlavi. “La lucha en mi país hoy en día no es una lucha entre la reforma y la revolución. Es una lucha entre la ocupación y la liberación”.
El ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchí, ha criticado duramente, en un mensaje en X, que se retirara la invitación a la conferencia a las autoridades del país y se diera tribuna a figuras de la oposición, entre ellos Pahlavi. “Es lamentable que la Conferencia de Seguridad de Múnich, que normalmente se consideraba un evento serio y de prestigio, se haya convertido en un ‘circo de Múnich’ en lo que respecta a Irán”, ha escrito.
La ONG Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), con sede en Estados Unidos, estima en más de 7.000 el número de muertos por la represión de las autoridades iraníes contra manifestantes antigubernamentales indignados por la precaria situación económica en el país. Los disturbios estallaron a finales de diciembre y alcanzaron su punto más violento los días 8 y 9 de enero. Aunque las protestas han remitido desde entonces, los activistas siguen contando muertos y temen que el número pueda aumentar.
Las autoridades iraníes admitieron en un momento la legitimidad de las quejas, pero han achacado los disturbios a grupos organizados y financiados por Estados Unidos e Israel, así como facciones monárquicas desde el exilio.
Gritos desde los balcones de Teherán
Los iraníes volvieron a gritar consignas este sábado contra la República Islámica, aunque esta vez desde sus ventanas, más de un mes después de que las protestas antigubernamentales fueran apagadas con una violenta represión que causó miles de muertos.
Los gritos de “¡Muerte al dictador!” y “¡Muerte a (Ali) Jameneí!”, el líder supremo de Irán, se lanzaron al unísono desde las ventanas y azoteas de las casas en el norte de Teherán en torno a las 20.00 hora local (las 17.30 en la España peninsular), según constató EFE.
Entre otros eslóganes destacaron también “¡Viva el sah!” y “¡Esta es la consigna nacional: reza, Reza Pahlaví!”, en referencia al hijo del último monarca iraní, depuesto con la Revolución Islámica de 1979, que dio origen al sistema político clerical.

