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Merz defiende ante Xi fortalecer la cooperación entre la UE y China en un “contexto internacional de cambios profundos” | Internacional

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El canciller alemán, Friedrich Merz, ha sido recibido este miércoles en Pekín por el presidente chino, Xi Jinping. El encuentro en Diaoyutai, el complejo residencial donde las autoridades chinas suelen hospedar a las visitas extranjeras, ha marcado la primera jornada de un viaje de dos días al que el conservador alemán acude con un mensaje que mezcla la visión pragmática y el escepticismo, ese cóctel convertido en fórmula común entre los dirigentes occidentales que han puesto recientemente un pie en la República Popular.

Durante la entrevista con el líder chino, Merz ha subrayado que está dispuesto a “profundizar” los lazos con China, y ha trasladado el interés de las empresas alemanas en “ampliar” la cooperación económica. “En un contexto internacional de cambios profundos, Alemania y China comparten la responsabilidad de afrontar los desafíos globales”, ha señalado el alemán en el encuentro, según los medios estatales chinos. Posteriormente, en un comunicado conjunto, ambas partes han enfatizado “la importancia del díalogo, la competencia justa y el acceso mutuo a los mercados”.

Merz se ha alineado con Xi en la defensa del “libre comercio” y su oposición al “proteccionismo”, en lo que se puede interpretar como una alusión a las disrupciones arancelarias del presidente estadounidense, Donald Trump. Y ha agregado que apoya el “fortalecimiento del diálogo y la cooperación” entre la Unión Europea y China, siempre de acuerdo con la versión china.

El mandatario asiático ha expresado su deseo de que la segunda y la tercera economía del planeta sean “socios confiables que se apoyan mutuamente”, cooperen de forma abierta en materia de innovación y defiendan el “multilateralismo”, el “derecho internacional” y “el libre comercio”, según han recogido los medios estatales chinos. Xi ha defendido la necesidad de una Europa “autónoma y fuerte” y ha reclamado “impulsar” un mayor desarrollo de las relaciones entre China y la UE.

“Queremos una asociación con China que sea equilibrada, fiable, regulada y justa”, había anunciado el alemán el martes por la tarde, aún desde Berlín, al pie del avión que estaba a punto de trasladarlo a la capital china.

Su viaje al gigante asiático, el primero como canciller, llega en un momento en el que la UE recalibra sus relaciones y sopesa un acercamiento táctico con Pekín, ante la hostilidad geopolítica de Trump. Para las autoridades comunistas, acompasar los relojes con Berlín es una oportunidad de rebajar la tensión y la desconfianza que han marcado las relaciones con la UE.

Merz, que ha volado acompañado por una nutrida representación empresarial, entre la que destacan directivos del poderoso sector de la automoción, ha sido recibido previamente, en la mañana china, por el primer ministro, Li Qiang, en el Gran Salón del Pueblo. Del resultado de las conversaciones de este miércoles entre ambas partes podría salir el tono de la diplomacia entre Pekín y Bruselas para los próximos meses.

Crítico con China en el pasado, el alemán ha arrancado sin embargo la visita con un discurso contemporizador: “Sería un error intentar desvincularse de China”, subrayó el martes antes de abandonar Berlín, añadiendo que romper las relaciones con Pekín sería como dispararse en un pie: “Estaríamos arruinando nuestras propias oportunidades económicas”.

“Queremos inversión china en Alemania”, ha añadido Merz este miércoles, tras aterrizar en Pekín, durante un encuentro con líderes empresariales alemanes y chinos de los sectores del automóvil y tecnológico.

En la conferencia de seguridad de Múnich, celebrada a mediados de febrero, sonaba sin embargo mucho más duro: “China explota sistemáticamente la dependencia de los demás”, dijo entonces.

Para Alemania, la principal economía europea pero con el motor gripado, la relación con la gran potencia exportadora del planeta es determinante, y exige trazar un delicado equilibrio. China sobrepasó a Estados Unidos en 2025 para convertirse en el primer socio comercial del país centroeuropeo. Cientos de compañías alemanas llevan años instaladas en la gran potencia manufacturera, y beneficiándose de los efectos de esa globalización hoy en fase de derribo.

A la vez, el creciente superávit comercial chino, la desniveladísima balanza comercial con la UE, la falta de acceso a su mercado y la dependencia de materiales críticos suponen una seria amenaza para el entramado industrial alemán y europeo.

Antiguamente, Alemania era la que exportaba más de lo que importaba de China. Hoy es al revés, con el país asiático, además, acelerando su pulso por convertirse en una potencia de manufacturas de alto valor añadido, lo que pone en aprietos a Alemania en sectores fundamentales, como el del automóvil.

Merz ya adelantaba desde Berlín que entre los temas a discutir con los líderes chinos estarían la “sobrecapacidad” productiva china, las “restricciones a la exportación” impuestas por Pekín y las “distorsiones” a la competencia en algunas industrias del país.

Otros antes que él han viajado a China con esa misma melodía: en son de paz pero con la mirada alerta; en busca de nuevas amistades mientras las viejas alianzas se deshilachan. En enero estuvieron por Pekín el primer ministro canadiense, Mark Carney, y el británico, Keir Starmer, ambos con la intención de resetear las relaciones; el presidente francés, Emmanuel Macron, pasó por el gigante asiático en diciembre; y en noviembre fue la visita de los Reyes de España, también de marcado contenido económico. El presidente Pedro Sánchez realizará en abril su cuarta visita a Pekín en apenas tres años.

Mientras, China se desenvuelve con comodidad en un mundo en proceso de reajuste en el que líderes de medio planeta quieren visitar su capital y conversar con Xi Jinping, que busca proyectar una imagen de socio fiable mientras los incendios globales se propagan. Hasta Donald Trump, protagonista de la dura pugna comercial con el gigante asiático en 2025, tiene previsto aterrizar en Pekín a finales de marzo.

“China ha ascendido al rango de las grandes potencias”, decía Merz en Berlín antes de partir. “Nuestra política hacia China debe tenerlo en cuenta”. Desde el aeropuerto, aseguraba que ya nadie puede ignorar el rol de China en los asuntos políticos globales más relevantes.

La guerra de Ucrania, uno de esos focos de inestabilidad que tensa la relación de la UE con China, ha formado parte también de las conversaciones. Era una de las batallas que traía Merz desde Alemania, ahora que la contienda se adentra en el quinto año. “Si Xi Jinping le dijera mañana a Putin que se detuviera, tendría que hacerlo pasado mañana”, afirmó el líder alemán el lunes en una conferencia organizada por la agencia de noticias alemana dpa, señalando que China sigue apoyando a Rusia mediante la compra de petróleo y gas y el suministro de tecnología para la guerra.

Los medios chinos solo recogen que los líderes “intercambiaron puntos de vista sobre la crisis de Ucrania [Pekín se resiste aún a llamar a la guerra por su nombre]”. Xi ha insistido en “perseverar en la búsqueda de una solución a través del diálogo y la negociación” y en que es “necesario garantizar la participación en condiciones de igualdad de todas las partes” y “atender las preocupaciones legítimas de cada actor”, dos de sus afirmaciones habituales para poner fin al conflicto.

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