-Narcoavión abatido en Apure: silencio en Caracas, luto en Hato Mayor-
En los radares militares de Venezuela, la historia comenzó como tantas otras: un eco sin nombre que cruza la frontera a baja altura, sin código, sin plan de vuelo, sin rastro electrónico.
En Hato Mayor, República Dominicana, la misma historia termina en velas, llantos y una misa por el alma de Avelino Astacio Santana, “Abel”, piloto y escritor, convertido desde hace años en figura recurrente de los expedientes de narcotráfico en Suramérica.
Entre ambos puntos, un espacio aéreo cada vez más militarizado, una frontera caliente y una retórica de “guerra al narco” que deja, como casi siempre, más preguntas que respuestas.
La versión oficial: “aeronave hostil”, la número 28 del año
El comandante estratégico operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), Domingo Hernández Lárez, informó que los radares de alerta temprana detectaron una aeronave que ingresó desde el estado Bolívar rumbo a Apure, sin código de identificación, sin plan de vuelo y con el transpondedor apagado.
Según la FANB, el aparato —un bimotor tipo Cessna, blanco, sin matrícula visible— fue clasificado como “blanco de interés” y se activó el protocolo de interdicción aérea de la Operación Escudo Bolivariano 2025: tres cazas F-16 salieron a interceptarlo, lo obligaron a aterrizar de emergencia en el municipio Pedro Camejo, estado Apure, donde quedó “inmovilizado” e inutilizado. Con este, serían 28 aparatos “del narcotráfico” neutralizados en 2025 y 419 desde 2012, según el relato militar.
Hasta ahí, el libreto oficial: aeronave ilícita, operativo exitoso, soberanía defendida.
Ni una palabra sobre muertos, heridos o nacionalidad del piloto.
Donde Caracas calla, hablan Hato Mayor y la prensa regional.
Familiares de Avelino Astacio Santana confirmaron su muerte en territorio venezolano; su hija Sorabel Astacio relató que el deceso ocurrió mientras pilotaba la aeronave abatida y que ya se han realizado oficios religiosos en su memoria.
Medios dominicanos y venezolanos coinciden en el mismo perfil: Astacio tenía al menos dos arrestos previos vinculados a cargamentos de cocaína en Venezuela (2017) y Brasil (2018).
Se le atribuía un rol clave como “narcopiloto reincidente” en rutas clandestinas que cruzan Brasil, Bolivia, Venezuela y el Caribe.
En redes y portales locales se le nombra sin rodeos: “Narco-piloto dominicano ‘El Cañero’ muere al ser derribada su aeronave en Apure.”
Mientras tanto, en Venezuela se mantiene la fórmula aséptica: “aeronave hostil, del narcotráfico, neutralizada”. El piloto no tiene nombre. El cuerpo, tampoco.
Hubo operación militar en Apure contra una aeronave irregular, bajo el paraguas de la Operación Escudo Bolivariano 2025. FANB reportó la inutilización de esa aeronave y la contabilizó como la número 28 del año ligada al narcotráfico.
La familia de Astacio en Hato Mayor confirmó su muerte en Venezuela, mientras pilotaba un avión, y se han celebrado misas en su honor.
La prensa dominicana y regional lo identifica como piloto vinculado al narcotráfico, con antecedentes en Brasil y Venezuela.
Lo que sigue en penumbra: ¿Fue derribo o aterrizaje forzoso?
El parte militar habla de “inmovilización” y “aterrizaje de emergencia”; las versiones familiares y de algunos medios hablan directamente de derribo.
¿Hubo más personas a bordo?
No hay datos oficiales sobre tripulación. Para una ruta de alto riesgo, resulta extraño que no se menciona si era vuelo solo o con acompañantes.
¿Qué llevaba el avión?
La FANB repite la etiqueta “narcotráfico”, pero hasta ahora no presenta fotos del cargamento ni cifras de droga incautada, algo que suele acompañar la narrativa de “golpe al crimen organizado”.
La línea de tiempo, además, deja su propio olor a pólvora mediática:
primero se publican los partes genéricos de la FANB sobre “aeronave hostil neutralizada”; luego los portales policiales de Venezuela y República Dominicana empiezan a ponerle rostro al piloto; más tarde llegan los reportes sobre su historial narco… y al final, el velorio.
Apure: el laboratorio donde se cruzan discurso anti-narco y guerra silenciosa
Apure no es cualquier geografía: Es frontera con Colombia, zona clásica de rutas del narcotráfico, grupos armados irregulares y contrabandistas.
Es también un tablero donde el Gobierno de Nicolás Maduro proyecta su discurso de “soberanía blindada”, mostrando radares, F-16 y mapas de “victorias” sobre el crimen organizado.
Cada aeronave “inutilizada” sirve a dos relatos paralelos: Hacia adentro, la imagen de un Estado fuerte que controla su espacio aéreo. Hacia afuera, el mensaje de que Venezuela no es solo “ruta del narco”, sino también muralla armada frente a esas mismas redes que, paradójicamente, llevan años operando en su territorio.
En medio, pilotos como Avelino Astacio, piezas reciclables de un negocio que nunca se queda sin reemplazos.
El ángulo dominicano: del orgullo de la aviación al expediente del “narcopiloto”
República Dominicana ha construido, con esfuerzo, una narrativa de orgullo aeronáutico: pioneros del vuelo panamericano, aviadores militares, pilotos comerciales de alta reputación.
Pero también tiene su lado B:
un puñado de pilotos que se han convertido en especialistas en vuelos clandestinos entre pistas rústicas de Suramérica, el Caribe y Centroamérica. Astacio figura en ese registro oscuro:
-Reincidente,
-Con expedientes abiertos y cierres judiciales dudosos,
-Capaz de moverse entre países con la destreza técnica de quien conoce el aire mejor que la tierra.
La pregunta incómoda cae de regreso sobre Santo Domingo: ¿cómo un piloto con ese historial se movía por la región sin restricciones migratorias ni alertas eficaces?
¿De verdad todo se reduce a un “caso aislado” o hay una estructura que facilita documentos, rutas y combustible a estos “especialistas” del narco-cielo?
¿Publicará la FANB imágenes del sitio del siniestro, del aparato inutilizado y de la supuesta carga ilícita?
¿Habrá siquiera reconocimiento oficial de la muerte del piloto dominicano, o se mantendrá la fórmula anónima de “aeronave hostil neutralizada”?
¿Qué sabían las autoridades dominicanas sobre los antecedentes de Astacio y qué se hizo para impedir que siguiera volando para redes ilícitas?
¿Existe coordinación real con Brasil, Venezuela y otros países donde fue detenido?
Más allá del expediente narco, hay una familia que tiene derecho a saber cómo, dónde y en qué condiciones murió el piloto.
El silencio oficial de Caracas y la tibieza institucional en Santo Domingo prolongan la muerte en forma de incertidumbre. Al final, el caso de Avelino Astacio Santana condensa la paradoja de nuestras fronteras aéreas:
-Estados que declaran “tolerancia cero” al narcotráfico,
Cielos por donde siguen circulando avionetas sin plan de vuelo,
-Pilotos que caen sin que nadie asuma, del todo, quién los dejó subir a la cabina.
En Apure, la FANB suma una aeronave más a su conteo anual.
En Hato Mayor, suman una silla vacía en la mesa familiar.
Entre una cifra y la otra, hay una historia que todavía no ha sido contada completa.
Ese es el espacio donde el periodismo —y el noti-análisis crítico al estilo TeclaLibre— tiene la obligación de seguir preguntando.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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