Netanyahu contra la marea internacional: aislamiento, presiones y más sangre en Gaza
Entre la soledad diplomática y la obstinación política
Benjamin Netanyahu se presentó en la 80ª Asamblea General de la ONU con el mismo guion desafiante de los últimos meses: “Israel debe terminar el trabajo contra Hamás”. Lo dijo mientras su Ejército redoblaba la ofensiva sobre Ciudad de Gaza y mientras, afuera de la sala, el mundo parecía darle la espalda. Decenas de delegados abandonaron el hemiciclo, gesto que evidenció no solo el rechazo al discurso, sino también la creciente soledad internacional de Israel.
La cifra de muertos que reporta el Ministerio de Salud de Gaza —más de 66,000 palestinos— es un recordatorio brutal de que este “trabajo por terminar” ya ha pasado de la narrativa de seguridad a un desastre humanitario que conmociona incluso a los aliados históricos de Israel.
Netanyahu no solo enfrenta las bombas de Hamás: enfrenta también la diplomacia. Varios países europeos y latinoamericanos han reconocido oficialmente al Estado palestino, desafiando el veto y la presión de Washington. La propia Unión Europea baraja sanciones económicas contra Israel, un paso impensable hace apenas un par de años.
Y como si no bastara, se multiplican los llamados al boicot deportivo y cultural: Israel corre el riesgo de verse marginado no solo en los pasillos diplomáticos, sino también en los escenarios donde se forja la influencia blanda de las naciones.
El momento no puede ser más crítico. Un día después de este discurso, Netanyahu se sienta frente a Donald Trump. El presidente estadounidense, atrapado entre su tradicional apoyo a Israel y la presión internacional —y doméstica— para detener la ofensiva, llega a la reunión con la pregunta incómoda: ¿hasta dónde está dispuesto Estados Unidos a cargar con la guerra de su aliado?
Netanyahu insiste en “terminar el trabajo”, pero cada vez queda menos claro si el trabajo es contra Hamás o contra el aislamiento que se cierne sobre su gobierno. La ONU, a la que acusa de sesgos, le responde con delegaciones que se levantan y se van. Europa le amenaza con sanciones. Y Trump —su último gran sostén— podría llegar con más condicionamientos que abrazos.
La suspicacia se instala: ¿es la obstinación militar de Netanyahu una estrategia de seguridad, o el reflejo de un político que prefiere la confrontación antes que admitir que el tablero internacional le está dejando sin fichas?
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
rodriguezsluism9@gmail.com https://teclalibremultimedios.com/category/portada

