-Trump en la ONU: ¿pacificador de siete guerras o narrador de siete fábulas?-
Donald Trump subió al podio de la 80ª Asamblea de la ONU con el pecho inflado, reclamándose autor de un logro digno de Moisés moderno: “en siete meses, acabé con siete guerras inacabables”. La frase retumbó en la sala, pero pronto levantó más cejas que aplausos. Porque, ¿qué guerras exactamente? ¿Dónde están esas paces definitivas? ¿Acuerdos frágiles o fuegos que otros ya venían apagando? El detalle nunca apareció.
Con igual desparpajo, acusó a la ONU de no solo ser ineficaz, sino de crear problemas en lugar de resolverlos. Una paradoja curiosa: él utiliza la tribuna de esa misma ONU para desacreditarla. Si tan inútil es, ¿por qué darle tanta importancia a sus aplausos o silencios?
El tono fue el habitual: grandilocuente, auto elogioso, beligerante contra el multilateralismo y enamorado de la soberanía absoluta. Pero debajo del ropaje retórico, se filtra la contradicción: un líder que presume de haber “pacificado el mundo” mientras se queja de sabotajes al teleprompter y se pelea con la burocracia internacional.
En definitiva, un discurso más pensado para alimentar titulares y reforzar la narrativa del “Trump indispensable” que para dejar constancia de logros verificables. Entre las siete guerras mágicamente resueltas y la ONU convertida en “fábrica de problemas”, la línea entre la realidad y la ficción quedó tan difusa como conveniente para el orador.
-Redaccion de TeclaLibre-
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