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PRIMERA OCUPACIÓN NORTEAMERICANA (1916-1924)

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Por el trillo de la intrahistoria dominicana
PRIMERA OCUPACIÓN NORTEAMERICANA (1916-1924)
El triunfo de Estados Unidos en la guerra contra España, a finales del siglo XIX, redibujó el mapa geopolítico del Caribe con la precisión quirúrgica de quien cambia cerraduras ajenas mientras asegura hacerlo por el bien de la seguridad del vecindario.
Desde ese momento, el Caribe dejó de ser un tablero de disputa europea para convertirse en un patio trasero cuidadosamente vigilado.
Con el Tratado de París —y bajo la retórica solemne de la Doctrina Monroe— el mensaje quedó claro: América sería para los americanos… siempre que esos americanos fueran, convenientemente, los del Norte.
Apenas dieciocho años después, en 1916, República Dominicana experimentó en carne propia el significado práctico de aquella doctrina. Hoy, más de un siglo después, resulta difícil negar la influencia estructural que Estados Unidos ha ejercido en el destino político y económico dominicano, aunque algunos sectores prefieran atribuirlo al azar histórico o, en casos más creativos, a la voluntad divina.
Del caos interno al arbitraje extranjero
Tras el asesinato de Ramón Cáceres, la política dominicana quedó en una fragilidad institucional que invitaba —casi con cortesía diplomática— a la intervención externa.
El conflicto entre Alfredo Victoria y Desiderio Arias degeneró en guerra civil, mientras Haití ocupaba zonas fronterizas. En ese escenario, el presidente estadounidense Woodrow Wilson decidió enviar un mensaje diplomático con la sutileza de un cañonero: los dominicanos debían dejar de pelear… o alguien más lo haría por ellos.
Fue electo entonces Juan Isidro Jimenes, quien terminaría enfrentando el mismo destino político que sus predecesores: la inestabilidad estructural y la presión extranjera.
Mientras tanto, Puerto Rico ya estaba bajo control estadounidense, y la ocupación militar de Haití en 1915 cerraba el cerco geopolítico sobre la isla.
El desembarco: cuando la diplomacia llega con uniforme
El 16 de mayo de 1916, los marines estadounidenses desembarcaron en territorio dominicano. La operación coincidía convenientemente con el enfrentamiento entre Jimenes y Arias, demostrando que la geopolítica rara vez desperdicia una buena crisis interna.
El capitán H. S. Knapp proclamó oficialmente la ocupación militar.
El documento aseguraba que no existía intención de destruir la soberanía dominicana —una declaración que, vista desde la historia, posee la ironía involuntaria de un ladrón prometiendo cuidar la casa mientras cambia las llaves.
Resistencia dominicana
El pueblo dominicano reaccionó con dignidad y creatividad política:
• Crepones negros en señal de luto nacional.
• La resistencia armada encabezada por Gregorio Urbano Gilbert.
• Guerrillas campesinas en el Este, conocidas como gavilleros.
• En el Sur Liborio se reveló con miles de campesinos
• Organización política urbana a través de la Unión Nacional Dominicana, liderada intelectualmente por Emiliano Tejera.
Las “mejoras” de la ocupación
Durante ocho años, la ocupación implementó reformas que combinaban modernización administrativa con control estructural:
Logros materiales
• Construcción de carreteras, puentes y escuelas.
• Mejoras sanitarias.
• Organización institucional del Estado.
Costos estructurales
• Consolidación del modelo azucarero dependiente.
• Desarme total de la población.
• Aumento de la deuda externa.
• Centralización fiscal bajo supervisión extranjera.
La paradoja histórica es evidente: se construyeron carreteras… que facilitaban la exportación de materias primas; se organizó el Estado… bajo supervisión extranjera; y se modernizó la economía… profundizando la dependencia.
El camino hacia la desocupación
En 1920, Wilson ordenó reformas políticas a través de Thomas Snowden. Posteriormente, el presidente Warren G. Harding impulsó el plan de retirada, ejecutado por el gobernador militar Samuel S. Robinson.
El acuerdo definitivo llegó mediante negociaciones encabezadas por Francisco J. Peynado y el secretario de Estado Charles Evans Hughes, junto a figuras dominicanas como:
• Horacio Vásquez
• Federico Velásquez
• Elías Brache
• Adolfo Nouel
• Y el diplomático estadounidense Sumner Welles que servía de proconsul
La herencia más oscura
La ocupación dejó una consecuencia histórica trascendental: el ascenso de Rafael Leónidas Trujillo.
Formado dentro de la Guardia Nacional creada bajo supervisión estadounidense, Trujillo representó la ironía máxima del intervencionismo: un régimen autoritario que, en sus inicios, fue visto como garantía de estabilidad.
Incluso el Departamento de Estado de Estados Unidos llegó a describirlo como una especie de “Frankenstein político”, pero útil mientras mantuviera el orden —una frase que resume con brutal elegancia el pragmatismo geopolítico de la época.
Conclusión: la lección incómoda de la historia
La Primera Ocupación Norteamericana no fue simplemente un episodio militar: fue un proceso de reconfiguración estructural del Estado dominicano.
Entre carreteras, reformas administrativas y préstamos financieros, se consolidó una realidad histórica difícil de ignorar: en el Caribe, la soberanía ha sido muchas veces un concepto negociable… siempre y cuando la negociación ocurra bajo la sombra de un acorazado.
Todo sigue parecido a lo que sucedió a partir de 1916.
Una prueba elegante de esto es:
Que el mercado de Estados Unidos con la República Dominicana totalizó en el 2025 18,977 millones de dólares.
Pero además los dominicanos en Estados Unidos enviaron a su patria en 2025 alrededor de 30 billones de dólares entre remesas de diferentes tipos, vehículos, maquinarias, y ropas lo cual demuestra que la relación de Estados Unidos y la República Dominicana tiene un amarre que será muy difícil de romperse y que cada día será mayor debido a que cada día nacen más personas en el territorio continental de origen dominicano.
Esta última situación deben de tenerla presente los que viviendo en el territorio insular o fuera de él hablan de asuntos que el pueblo actual rechaza en su mayoría como son, el llamado “progresismo, izquierdismo”.
La nación dominicana se moverá por el camino que Estados Unidos empezó a trazar con su primera ocupación 1916-1924.
Y el Caribe desde 1898 seguirá siendo un lago imperial donde los Estados Unidos permitirán a los bañistas que a ellos les den la gana que se mojen con las olas y se ensucien los pies con las arenas rubias del área playera.
Y lo interesante es que después de lo de Venezuela parece que las negociaciones con Cuba están bastante avanzadas para que la isla vuelva al redil putativo del que se alejó solo por un tiempo en 1959.
Por eso antes del final del primer tercio del siglo XXI, en el 2033, en el Caribe y América se verán muchas cosas.
Ya veremos.
Felix Jimenez
Felix Jimenezhttps://teclalibremultimedios.com/
Nacido en la República Dominicana, Félix A. Jiménez encarna a la perfección la riqueza cultural de su tierra natal. Su ADN refleja una mezcla única de ancestrías: 8% taíno, 30% africano, 56% ibérico y trazos de otras raíces étnicas — un testimonio del vibrante mestizaje que define al Caribe. Ciudadano tanto de Canadá como de la República Dominicana, y residente actualmente en el estado de Washington, Estados Unidos, el Sr. Jiménez es arquitecto de formación, con estudios de posgrado en Planificación del Desarrollo Turístico en el Centro Interamericano de Capacitación Turística en Ciudad de México, y en Marketing Estratégico para el Turismo en la Universidad George Washington, en Washington D.C.

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