¡Ah, Chicago! La ciudad del viento, los deep-dish pizza y, últimamente, los operativos migratorios con sabor a campo de batalla.
Se nos ha informado de un nuevo episodio de alta tensión donde el guión parece haber sido escrito por un dramaturgo al que le gusta el caos y el DHS (Departamento de Seguridad Nacional) actúa como director de escena, con la sutileza de un elefante en una cristalería.
Aquí, en TeclaLibre, no nos tragamos la primera versión. Afilamos la pluma y la suspicacia para ver qué hay detrás del humo de las balas de goma y el gas pimienta.
La Versión Federal: Autos de Choque y Ciudadanas Armadas:
Según la narrativa oficial del DHS, tenemos una situación de manual: agentes federales (¡los guardianes del orden!) se vieron presuntamente «embestidos» por vehículos. Y de uno de esos autos, presuntamente parte del grupo «embestidor», sale una ciudadana estadounidense que, sorpresa, sorpresa, estaba armada con un arma semiautomática (aunque otras versiones hablan de que fue baleada mientras conducía).
El resultado, la mujer resultó baleada por los federales, y fue trasladada en condición estable al hospital (aunque tu información inicial decía que murió, parece haber un cruce de reportes; nos quedamos con lo de «baleada y estable» que es menos dramático pero igual de turbio). En otra noticia anterior, un inmigrante indocumentado sí murió tras recibir un disparo de un agente del ICE, también en Chicago, después de supuestamente arrastrar a un agente con su vehículo. Un patrón, ¿no? Todo el que muere o es baleado parece estar «embistiendo» o «arrastrando» a alguien.
A ver, que en Chicago, la cuna de Al Capone y los tiroteos nocturnos, el guión de «ciudadana armada embiste a la autoridad federal de inmigración» suena un poco… forzado. ¿De verdad un grupo de manifestantes va en caravana al estilo Mad Max con armas semiautomáticas para «embestir» patrullas del ICE? O el miedo federal es tan grande que ven un automóvil como un tanque, o la versión oficial tiene más agujeros que un queso suizo. Es la narrativa perfecta para justificar el uso de la fuerza desmedida: «Estábamos en peligro de ser aplastados, disparamos a una estadounidense con un arma grande. Caso cerrado.» ¡Qué conveniente!
Y claro, las protestas no se hicieron esperar. La comunidad, harta de ver operativos que parecen más una invasión militar (agentes federales camuflados, helicópteros Black Hawk sobrevolando barrios), salió a la calle. ¿Y cómo responde el ICE a un grupo de ciudadanos ejerciendo su derecho a la protesta?
Con la delicadeza que los caracteriza: gas pimienta, gas lacrimógeno y balas de goma.
¿Balas de goma contra manifestantes en la misma semana que un agente federal es visto lanzando botes químicos cerca de una escuela? Estamos en un punto donde el ICE no distingue entre un peligroso criminal, un inmigrante indocumentado, un concejal de la ciudad (sí, han esposado a concejales en hospitales) o una reportera de CBS (sí, también le dispararon una «pelota de pimienta» a su vehículo).
La policía local de Chicago tuvo que intervenir… ¿para separar a los manifestantes del ICE? ¡El ICE se ha convertido en una fuerza de ocupación tan polarizante que la policía local tiene que hacer de árbitro! La supuesta «protección fronteriza» ha mutado en una patrulla de choque doméstico, operando con una opacidad y una agresividad que superan a cualquier cuerpo policial municipal.
Conclusión TeclaLibre: ¿Quién es el Verdadero Invasor?
El mensaje en Chicago es claro: la presencia federal, supuestamente para hacer cumplir la ley migratoria, está sembrando el caos y el terror. En lugar de enfocarse en verdaderos criminales (que sí los hay y la policía local ya lidia con ellos), el ICE parece estar en una gira de relaciones públicas fallida, disparando a todo lo que se mueve y usando tácticas de guerra en los suburbios.
La muerte de un inmigrante y el baleo de una ciudadana estadounidense (armada o no, la situación es explosiva) son el resultado directo de una política de mano dura que opera sin rendición de cuentas clara en jurisdicciones que no la quieren. Y mientras los políticos debaten sobre la Guardia Nacional (¡sí, el gobernador Pritzker tuvo que enfrentarse a la amenaza de Trump de desplegarla!), las calles de Chicago se convierten en el laboratorio de la represión federal.
Al final, la «Ley y el Orden» federal en Chicago suena más a «Tensión y Desorden». Y nosotros, desde TeclaLibre, seguiremos poniendo el ojo crítico en esta tragicomedia de uniformes y gases lacrimógenos. ¡Seguiremos informando!
Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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