InicioESTADOS UNIDOSPETRÓLEO CON AROMA A WASHINGTON

PETRÓLEO CON AROMA A WASHINGTON

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-Crónica de una ley votada con el oído puesto en la Casa Blanca-

En Caracas ya no se escucha solo el rumor espeso del crudo. También se oyen pasos. Pasos largos, de botas bien lustradas, que vienen desde el norte y hacen eco en los pasillos del Parlamento venezolano. No es metáfora: mientras la Asamblea votaba una reforma clave de la Ley de Hidrocarburos, Donald Trump insistía, sin demasiado pudor diplomático, en su viejo sueño de “tomar el control” de los recursos energéticos de Venezuela.

El momento no pudo ser más simbólico. Con Nicolás Maduro fuera de escena —capturado en una operación que todavía se narra en voz baja— y con Delcy Rodríguez instalada en el poder como figura de transición, el chavismo decidió mover una de sus piezas más sensibles: el petróleo. Y lo hizo rápido. Demasiado rápido para un país que durante años juró que el crudo era intocable, casi sagrado.

La nueva ley, aprobada sin demasiados sobresaltos parlamentarios, suena a modernización, eficiencia y “adaptación a los nuevos tiempos”. Pero leída entre líneas —y entre sanciones— también suena a concesión. Menos rigidez estatal, más guiños al capital privado, más espacio para empresas extranjeras, menos dogma bolivariano y más pragmatismo energético. El socialismo petrolero, al parecer, también necesita liquidez.

Desde el oficialismo se insiste en que no hay entrega, que nadie está regalando nada, que el Estado sigue siendo dueño del subsuelo y de la épica. Pero el nuevo marco legal baja regalías, flexibiliza contratos y abre ventanas que antes estaban clausuradas con discursos encendidos. Ventanas por donde, casualmente, pueden asomarse empresas que hablan inglés fluido y conocen bien el mapa de la Faja del Orinoco.

Washington, por su parte, observa con una ceja levantada y la otra celebrando. Trump no es hombre de sutilezas: quiere petróleo, quiere estabilidad controlada y quiere asegurarse de que el crudo venezolano vuelva a circular —esta vez bajo reglas más cómodas para el mercado estadounidense—. Si además puede presentarlo como “rescate económico” para el pueblo venezolano, mejor todavía para el relato.

En Caracas saben que el margen de maniobra es estrecho. La industria petrolera está golpeada, la infraestructura envejecida y el acceso a financiamiento internacional sigue pasando por oficinas donde cuelgan banderas ajenas. La reforma, dicen algunos cuadros chavistas en privado, no es ideológica: es de supervivencia. Una especie de pacto con la realidad… y con el Departamento del Tesoro.

Así, la Venezuela que durante años gritó “¡el petróleo es nuestro!” ahora parece susurrar: es nuestro, pero podemos compartirlo… bien compartido. No es exactamente una rendición, pero tampoco una victoria épica. Es más bien un acomodo incómodo, una ley votada con la calculadora en la mano y el radar apuntando a la Casa Blanca.

El petróleo sigue siendo venezolano, sí. Pero desde esta semana huele un poco más a Washington. Y en política energética, como en la cocina, el aroma suele delatar quién está realmente cerca de la olla.

Colofón TeclaLibre:
Cuando el crudo habla inglés, las leyes aprenden a traducirse solas.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

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