-Starmer baila con el dragón mientras Washington rompe los platos-
Por Redaccion de TeclaLibre Pekín, 29 de enero de 2026
Afuera, el frío de Pekín corta la cara, pero dentro del Gran Salón del Pueblo, el ambiente es de un pragmatismo que quema. Keir Starmer acaba de soltar la frase: «Estamos haciendo historia». Y no lo dice por amor al arte o por una súbita pasión por la caligrafía china. Lo dice porque, mientras Donald Trump se dedica a redecorar el tablero mundial a golpe de aranceles y amenazas territoriales, el Reino Unido ha decidido que prefiere el té con Xi Jinping que el ayuno forzado por Washington.
Para entender por qué Londres está hoy de risas con Pekín, hay que mirar hacia el Atlántico. La Casa Blanca de Trump 2.0 ha dejado de ser un aliado para convertirse en un acreedor de mal carácter.
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El lío de Groenlandia: Trump quiere la isla, Dinamarca dice que no, y Europa —incluido el Reino Unido— ha cerrado filas con los daneses.
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La factura: ¿La respuesta de Trump? Un arancel del 10% a ocho países europeos que subirá al 25% en junio.
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La OTAN en la cuerda floja: Con Washington exigiendo un gasto del 5% del PIB en defensa (una cifra astronómica para cualquier presupuesto europeo), Starmer se ha visto en un callejón sin salida.
Starmer ha llegado a China con una maleta llena de CEOs (AstraZeneca, HSBC, Jaguar) y una misión clara: supervivencia. Si Estados Unidos levanta muros, el Reino Unido necesita que China abra puertas. Y lo están logrando.
«Es en nuestro interés nacional interactuar con China», dice Starmer. Traducción: Necesitamos que alguien compre nuestro whisky y nos venda sus baterías ahora que Trump nos ha puesto en la lista negra.
Los logros de esta tarde no son menores:
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Visas libres: 30 días para que los británicos entren a China sin trámites. Un caramelo para el turismo y los negocios.
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La «Superembajada»: Londres ha dado luz verde a la embajada china más grande de Europa. Un gesto que hace tres años habría sido tildado de traición y que hoy se lee como una póliza de seguro.
Claro, no todo es seda y miel. Starmer ha tenido que mencionar a Jimmy Lai y la represión en Hong Kong. Pero lo ha hecho con la delicadeza de quien pide que bajen la música en una fiesta a la que no lo han invitado, pero donde sirven la mejor comida. El enfoque es el «de-risking»: reducir riesgos, pero sin romper la vajilla.
Análisis TeclaLibre: ¿Un nuevo orden?
Lo que estamos viendo es el fin del «puente» transatlántico. El Reino Unido, huérfano de la Unión Europea y castigado por su «primo mayor» estadounidense, está buscando su lugar en un mundo donde el poder ya no pasa solo por Washington.
Mientras la UE e India firman acuerdos históricos para esquivar el caos de Trump, Starmer ha decidido que «hacer historia» significa, simplemente, no quedarse fuera de la foto de los que aún comercian.
El remate: Al final del día, la política exterior de 2026 se resume en una frase: Dime quién me pone menos aranceles y te diré quién es mi mejor amigo. Hoy, ese amigo habla mandarín.
-Luis Rodríguez Salcedo para TeclaLibre-
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