-Rusia aprieta el cerco en Donetsk mientras Zelenskiy resiste presiones por un acuerdo territorial-
Por TeclaLibre Digital
Moscú volvió a mostrar músculo militar y narrativa triunfalista este martes. Según las Fuerzas Armadas de Rusia, se registran “avances en todo el frente” del este ucraniano, particularmente en la estratégica zona de Pokrovsk, donde aseguran haber comenzado el cerco a las tropas ucranianas atrincheradas en Mirnogrado.
La operación, que se acerca a su cuarto año, fue descrita por el jefe del Estado Mayor ruso, Valeri Gerasimov, como “una fase crucial para la liberación del Donbás”. No es frase nueva, pero sí insistente. Según el general, el Ejército ruso controla ya cerca del 30% de los edificios de Mirnogrado, una ciudad que antes de la guerra tenía cerca de 46 mil habitantes.
Mientras en Rusia hablan de “avance total del Grupo Centro”, en Ucrania el panorama es otra historia: agotamiento militar, presión diplomática y el fantasma de la cesión territorial sobrevolando la mesa.
El Kremlin ha fijado Mirnogrado como pieza clave. Según Gerasimov, las fuerzas rusas han tomado Rivne, Rog y Gnatovka, localidades que funcionan como anillo periférico del núcleo urbano que Kiev intenta defender a toda costa.
“Tras la liberación de Pokrovsk, el objetivo inmediato es la eliminación total de las fuerzas enemigas en Mirnogrado”, declaró el general ruso, mientras los medios estatales reforzaban el relato con imágenes de evacuaciones civiles y zonas residenciales presuntamente inspeccionadas “casa por casa”.
No es la primera vez que Moscú anuncia cercos inminentes; tampoco es la primera vez que Kiev los desmiente. La diferencia hoy es que Ucrania llega con desgaste y Rusia parece haber aprendido a presionar sin grandes costos internos.
Zelenskyy busca oxígeno político mientras EE.UU. empuja un acuerdo
Lejos de los campos pantanosos del Donbás, el presidente Volodymyr Zelenskyy se reunió el martes con el papa Francisco en las afueras de Roma. Fue una visita que buscaba legitimidad moral y un impulso diplomático. Pero también dejó entrever tensión con Washington.
Zelenskyy fue tajante ante rumores de concesiones y presiones: “Claramente no queremos renunciar a nada”, replicó en un chat con periodistas.
A confesión de parte, relevo de prueba: “Los estadounidenses buscan un compromiso hoy, seré sincero”.
La frase no pasó inadvertida, porque por primera vez el mandatario ucraniano admite públicamente un dilema incómodo: Estados Unidos presiona por un acuerdo que reduzca la guerra.
Rusia insiste en anexar territorios ya ocupados.
Ucrania sostiene que no puede ceder un centímetro.
Zelenskyy reafirmó que ceder tierra sería ilegal según su Constitución, contrario al derecho internacional y—como él mismo añadió—“moralmente inaceptable”.
Rusia se siente cerca de un punto simbólico: “liberar todo Donbás”.
Ucrania necesita victorias diplomáticas rápidas para no admitir desgaste militar.
Estados Unidos quiere pasar página sin que parezca derrota occidental.
Europa observa, desgastada y dividida.
Y el Papa, entre tanto, aparece con su rol histórico: ofrecer salida sin sangre, aunque sea solo en la teoría.
De momento, la guerra sigue su curso. Pokrovsk huele a punto de inflexión, Mirnogrado a moneda de cambio y las declaraciones de Zelenskyy sugieren que, detrás del discurso público, hay una negociación inevitable que todos niegan… hasta que ocurra.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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