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Salomé Ureña, la heroica

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«La mujer, la madre, necesita fortalecerse también con la posesión de la verdad y de la moral científica para preparar y fortalecer, a su vez, por medio de ese arte que sólo ella posee, la conciencia de las generaciones del futuro.

Por: Amarilis Cueto Cabrera

Salomé Ureña fue considerada una mujer completa, por su dedicación como maestra, madre, hija y mujer, siempre en la espera del esposo ausente.  Tuvo que ser jefa del hogar la mayor parte del tiempo en razón de los continuos viajes de su esposo Francisco Henríquez y Carvajal.

Su hija,  Camila Henríquez Ureña, una gran intelectual que se radicó en Cuba y Estados Unidos, heredó de ella su espíritu feminista, y su amor por la lectura.  De su madre ha dicho, cito:

«Fue una vida breve si se mide por el número de años, pero hay pocas vidas que pueden ser ejemplo de plenitud y armonía.  Se elevó por encima de las pasiones políticas que dominaban la sociedad en que vivía, entró por caminos inexplorados y señaló nuevos horizontes»

Se ha afirmado que Salomé Ureña nació poeta.  Ella tuvo la suerte de formarse dentro de la clase culta de la época orientada especialmente por su padre Nicolás Ureña de Mendoza, quien la introdujo en la lectura de los clásicos y en otras asignaturas importantes.

Una de sus principales contribuciones a la sociedad y a la mujer fue en el campo de la educación a través de la formación de generaciones de maestras.  Esto fue una gran revolución cultural en la época.  También coadyuvó a forjar las conciencias de esas mujeres en el amor a la patria y a la dominicanidad.

Mediante la educación quiso poner su grano de arena para elevar el nivel cultural y laboral de las mujeres.  Sabía que sería de a poco, lento y aun así continuó guiada por el pensamiento hostosiano.  Fundó el Instituto de Señoritas con el fin de formar maestras que dignificarían a las mujeres, con la idea que estas a su vez ayudarían a la formación de más mujeres.

Con la creación del Instituto, Salomé ponía en tela de juicio el papel de la mujer en la sociedad existente como madre y ama de casa.

Tuvo la audacia de aprovechar las investiduras del Instituto para asumir posiciones políticas y en defensa de las mujeres y su rol en la sociedad, cuestionando por ejemplo el régimen de Ulises Heureaux.

En la primera graduación de Maestras,  fue tímida y solo leyó su poema «Mi ofrenda a la patria», en el que reflejaba todos sus anhelos para las mujeres de su tierra, como se puede observar en estos versos:

¡Ah! la mujer encierra,
a despecho del vicio y su veneno,
los veneros inmensos de la tierra,
el germen de lo grande y de lo bueno.

Más de una vez en el destino humano
su imperio se ostentó noble y fecundo:
ya es Veturia, y desarme a Coriolano;
ya Isabel, y Colón halla otro mundo.

Hágase luz en la tiniebla oscura,
que al femenil espíritu rodea,
y en sus alas de amor irá segura
del porvenir la salvadora idea.

En la segunda graduación su discurso memorable reflejaba el papel que debía tener la mujer en la sociedad, lo que distaba de ser una realidad en medio del machismo y la discriminación que existía.  De este cito un fragmento:

«La mujer, la madre, necesita fortalecerse también con la posesión de la verdad y de la moral científica para preparar y fortalecer, a su vez, por medio de ese arte que sólo ella posee, la conciencia de las generaciones del futuro. Propúseme entonces, aunque con débiles fuerzas, coadyuvar a la magna obra, y alentada por el generoso compañero de mi vida que lleva por ideal el triunfo del bien, de la virtud y de la ciencia, emprendí la difícil labor».

Aprovechó también el momento solemne para denunciar la intolerancia religiosa y política que llevó a emigrar a su mentor y amigo Eugenio María de Hostos.

Salomé mantuvo el Instituto de Señoritas aún en detrimento de su salud y su bienestar económico.  Su dedicación rayaba en lo heroico.

En la tercera graduación, cuando ya la institución había sido elevada a la categoría de Escuela Normal, en su discurso habla de la discriminación cultural en contra de las mujeres por negarles el acceso a la educación, tal como se puede ver en este fragmento:

«Preparémosla para coadyuvar inteligentemente a la reforma social que se inicia con el desarrollo de la conciencia».

Esta fue la última graduación, obligada a cerrar el instituto por falta de apoyo, recursos económicos y para dedicarse a la educación de sus hijos, siempre sola por el padre ausente.

Salomé formó en los doce años que existió la institución, una generación de maestras que renovó la educación en el país, destacándose entre ellas Leonor Feltz, Laura Aguiar, Ana Josefa Puello, Altagracia Henríquez y Luisa Ozema Pellerano, que no solo se destacaron como maestras, sino como verdaderas intelectuales en todas las áreas.

Eugenio María de Hostos cada vez que se presentaba la ocasión exaltaba los logros de Salomé Ureña, llegando a decir en Chile que:

«Nunca, en parte alguna y en tan poco tiempo, se ha logrado reaccionar de una manera tan eficaz contra la mala educación tradicional de la mujer en nuestra América Latina y formar un grupo de mujeres más inteligentes, mejor instruidas y más dueñas de sí mismas a la par que mejor conocedoras del destino de la mujer en la sociedad».

Estas maestras fueron pioneras y guiaron la transformación de la educación de las mujeres en la sociedad dominicana.

A diferencia de su marido que buscó en otras tierras nuevos horizontes para su educación, Salomé permaneció firme en sus convicciones de mejorar la posición de la mujer en su patria y luchar contra los muchos obstáculos que se presentaron.  Sufrió mucho con su ausencia, sobre todo por los hijos y la ardua labor que se había impuesto.  Ese es un capitulo difícil y triste en su vida que generó mucha angustia en su corazón, y termina minando su salud hasta la muerte.  Todo ese dolor lo refleja en sus cartas a su querido Pancho.

Salomé Ureña fue una mujer heroica, que puso sus convicciones y aspiraciones para la mujer dominicana por encima de todo.  Fue una mujer valiente y fuerte.  Fue nuestra gran poeta, intelectual, pero, sobre todo, una mujer íntegra y completa.

Obra consultada:

-Heroínas Nacionales, Roberto Cassa, AGN

 

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