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¿SE AVECINA UNA GUERRA CIVIL EN ESTADOS UNIDOS?

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-¿Se avecina una guerra civil en EE.UU.? El declive económico como catalizador de la desunión interna-

Por Luis Rodríguez Salcedo para TeclaLibre Digital

En un momento de profunda polarización política en Estados Unidos, con tensiones exacerbadas por el regreso de Donald Trump a la presidencia en 2024 y políticas controvertidas como las deportaciones masivas, surge una pregunta inquietante: ¿está el país al borde de una guerra civil interna? A esto se suma un escenario hipotético pero plausible: ¿qué pasaría si EE.UU. pierde su hegemonía económica global? Basado en datos recientes, encuestas y análisis históricos, este artículo de opinión argumenta que, aunque no hay un conflicto armado inminente, el declive económico podría actuar como un acelerador de divisiones internas, erosionando la frágil cohesión nacional. No se trata de alarmismo, sino de una llamada a la reflexión sobre la resiliencia de una democracia que depende en gran medida de su prosperidad compartida.

El panorama actual: Polarización sin estallido inminente
Estados Unidos enfrenta una división ideológica aguda, marcada por protestas esporádicas, violencia política aislada y una retórica incendiaria en redes sociales. Según datos del Armed Conflict Location & Event Data Project (ACLED), entre 2023 y 2024 se registraron miles de manifestaciones, pero solo un pequeño porcentaje escaló a disturbios. Incidentes como el asesinato de la política Melissa Hortman o el tiroteo contra el activista conservador Charlie Kirk han avivado especulaciones sobre «asesinatos políticos», pero no indican un movimiento organizado hacia la guerra civil. Encuestas como la de Newsweek en junio de 2025 revelan que hasta el 50% de los estadounidenses teme un conflicto en la próxima década, pero solo un 6.5% lo ve como probable en el corto plazo, según UC Davis.

Expertos como Barbara Walter, en su libro How Civil Wars Start, señalan que EE.UU. exhibe rasgos de «anocracia» —una democracia debilitada por partidos identitarios—, lo que eleva el riesgo. Sin embargo, factores como la ausencia de secesiones estatales, la resiliencia institucional y el rechazo mayoritario a la violencia armada (el 95% de la población, per informes) mantienen el equilibrio. En mi opinión, esta polarización es más un «ruido» social amplificado por plataformas como X (antes Twitter), donde términos como «guerra civil» generan eco, pero no acción coordinada. Es un recordatorio de que las democracias maduras como la estadounidense han superado crisis pasadas, desde la Guerra de 1812 hasta los tumultuosos años 60, mediante reformas y diálogo.

El declive económico: El pegamento que se deshace
Ahora, imaginemos un EE.UU. relegado a un segundo plano económico, superado por potencias como China en innovación, comercio y control monetario. Históricamente, el declive de hegemonías ha fracturado sociedades: la Gran Depresión de los 1930s en EE.UU. desestabilizó alianzas políticas, mientras que el colapso de la URSS o la partición de India muestran cómo la pérdida económica amplifica divisiones étnicas, ideológicas y regionales. En el caso estadounidense, la unidad nacional —basada en el «sueño americano» de prosperidad— se vería amenazada.

Analistas como Ray Dalio estiman un 35-40% de riesgo de conflicto interno debido a deudas crecientes y brechas de riqueza. Si el dólar pierde su estatus como moneda reserva, podrían surgir aumentos masivos de impuestos, cierres gubernamentales y erosión de programas sociales, exacerbando la polarización. Estados «azules» (económicamente potentes como California) podrían buscar autonomía, mientras que regiones «rojas» se atrincheran en narrativas nacionalistas. En un escenario extremo, esto podría derivar en un «conflicto civil rodante» de baja intensidad, con disturbios locales y fragmentación territorial, agravado por los 400 millones de armas en circulación.

Desde una perspectiva opinativa, este declive no es inevitable, pero es un riesgo real en un mundo multipolar. La hegemonía económica no solo proyecta poder externo; actúa como «pegamento» interno en una nación diversa, donde demócratas y republicanos comparten poco más allá del capitalismo. Sin prosperidad, las recriminaciones mutuas —culpando a la «izquierda radical» o la «derecha autoritaria»— podrían escalar, erosionando la confianza en instituciones como el Congreso o el DHS. Redes sociales amplificarían agravios, convirtiendo desigualdades en combustible para insurgencias.

En resumen, no hay una guerra civil inminente en EE.UU., pero las tensiones actuales son síntomas de una democracia frágil. Un desplazamiento económico agravaría esto, transformando divisiones políticas en fracturas sociales profundas. Mi postura es optimista pero cautelosa: la historia muestra que EE.UU. es resiliente, capaz de reformas como las del New Deal o el Civil Rights Act. Para evitarlo, se necesitan acciones bipartidistas: reducir desigualdades, fortalecer instituciones y fomentar diálogo nacional. En un mundo interconectado, la verdadera amenaza no es un enemigo externo, sino la incapacidad interna de unirse. Como ciudadanos globales, observemos y aprendamos: la prosperidad compartida es el mejor antídoto contra la desunión.

TeclaLibre Digital fomenta opiniones diversas. Las vistas expresadas son del autor y no necesariamente reflejan las de la redacción.

-Luis Rodriguez Salcedo, para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com              https://teclalibremultimedios.com/category/portada/

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