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TEMBLOR DE ESPEJOS –selección de poesía social- de Juan Matos

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‘Juancito, el del Batey’ el hijo de un obrero campesino y la maestra Epifanía inicia su selección de poesía social denominada “Temblor de espejos” con nuestra Alma Mater: la madre nutricia del saber: Universidad Autónoma de Santo Domingo con lo que considera como primeros panfletos escritos en el periodo 1976-1985.

La época era crucial en la historia de la República Dominicana, y fue en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) donde nació y creció la conciencia tanto personal como colectiva. Allí, Juancito y la juventud que se congregaba en el centro académico estatal aspiraban a una sociedad solidaria y humana.

La atmósfera en el campus universitario se caracterizaba por la solidaridad y la hermandad. Cantábamos, bailábamos y marchábamos al ritmo de la nueva trova, formándonos como una verdadera familia universitaria. Estábamos convencidos de que “estábamos construyendo una sociedad mejor”.

Nos unía la rabia, la indignación y la impotencia ante el estrangulamiento económico que estaba siendo impuesto a la universidad. Las protestas, que en ocasiones incluían palos, piedras y bombas, eran respondidas con represión violenta: bombardeos aéreos, gases lacrimógenos y otros medios de represión. En medio de esa lucha, nos protegíamos unos a otros.

Fueron muchos los compañeros caídos, ya sea asfixiados por la represión o baleados por las fuerzas represivas. La lucha era dura, pero la convicción de cambiar la realidad nos mantenía firmes.

 

El movimiento renovador de la universidad que se produjo en la academia reflejaba un rechazo hacia el presidente de la República, Joaquín Balaguer, a quien se le desconocía como docente debido a su empeño en perpetuarse en el poder político. La comunidad universitaria consideraba que Balaguer no ofrecía a la juventud espacios para debatir las ideas del porvenir y que la universidad se había convertido en un refugio de desafectos.

La universidad fue cerrada y militarizada en varias ocasiones, además de que se le negaba el presupuesto necesario para su expansión. Sin embargo, la conciencia se fortalecía en las aulas, y en el comedor universitario se reunían docentes y estudiantes en un ambiente de camaradería habitual.

El supervisor del comedor, Alberto, era un celoso guardián que garantizaba alimentos bien cocidos a precios módicos, casi gratuitos, por apenas cinco centavos. Nos ofrecía un almuerzo que incluía un vaso de leche y, en ocasiones, un postre. En Semana Santa, servían habichuelas con dulce, y en Navidad, una comida especial y deliciosa.

Vivíamos en un ambiente universitario que se asemejaba a un verdadero ensayo de solidaridad humana, un ‘territorio libre’. En cualquier pasillo de facultad, improvisábamos largas charlas con compañeros y profesores, dispuestos a compartir todo su saber sin pretensiones ni ínfula, simplemente por el amor a la enseñanza y al conocimiento.

 

El poeta recuerda a todos los mártires : Sagrario Ercira Díaz, los muchachos valientes del 12 de enero del 1972 que atrincherados en una cueva combatieron ferozmente; el Coronel de Abril, la poblada del 1984, todos dejaron su huella indeleble en el alma del poeta y no podía faltar Matos Méndez, el candidato sempiterno a la Rectoría de la UASD inolvidable quien impecablemente vestido con su maletín Samsonite (de moda en ese entonces) deambulaba en los predios de la UASD e improvisaba un discurso donde planteaba sus extrañas teorías sobre la circulación de la sangre, sobre el buen uso de los vocablos, por ejemplo, según él, la palabra COMEDOR designa a la persona que come; COMEDERO es el lugar donde se come. Infaltable en las Asambleas de Empleados y cuando hacia su entrada triunfal al unísono era aplaudido y respetado, dirigía un breve discurso y era feliz…

La segunda parte del poemario se titula «Desde el exilio económico: Primeros inviernos, New York, 1985-1998».

Juancito considera su partida del terruño como un exilio, una expulsión motivada principalmente por la falta de oportunidades para la juventud y en busca de mejores condiciones materiales de vida. Aunque se va, también se queda; se va, pero su gente y sus raíces permanecen en su memoria. Su batey inolvidable convive con él, a pesar del paso del tiempo.

El Batey Central, su Barahona, forma parte de su esencia, de su ser, y continúa vivo en su recuerdo, siendo un símbolo de su identidad y de sus raíces profundas.

 

El poema “La ilusión de la memoria” evidencia que

 

…El hombre que se fue, se fue,

y dejó cuanto quedó, que, quedándose,

sin embargo,

no está.

¿Adónde?

Su patio.

Su escuela.

Los suyos…

¿Adónde?

El hombre que se fue, se fue,

pero los otros…

¿Adónde?

El hombre que se fue

se fue solo.

Solo.

¡Pero con todo!

 

 

¿El poema “¿En el exilio de divisas” sentimos el lamento por el peso de los pulgares, acaso los pulgares pesan porque las huellas dactilares sellan la partida, determinan si podemos irnos, irnos para qué? y el reto es:

 

permanecer enteros

mientras nos repartimos

entre la uña

la carne

y los caminos.

 

 

Queda el amor y a la vez la distancia de todo, no estamos acá para saber cómo transcurre la vida realmente, a la vez hay que continuar caminando en territorios extraños partiendo brazos.

 

 

El poema “Las cumbres genocidas” nos remite de inmediato a los dueños del planeta, a los G-7, a Davos, a los Clubes que deciden la suerte de las masas hambreadas; que no conocen la solidaridad sino el oro, la palabra amor está desterrada, producir a cualquier costo no importa que se destruya nuestra casa grande -el planeta-, que la contaminación arrope el mundo, que se acaben todas las especies. Cuántos han caído por culpa de estas agendas malditas, donde el ser humano es lo último que cuenta.

 

 

El poema “De la diáspora…”

Puede que en los caminos

quedemos rotos

deshabitados en rincones de olvido

 

 

Pocas veces he leído un poema de un hombre que se siente roto; tema infaltable en las poesías escritas por las mujeres, se siente el peso del dolor, de la exclusión social que le expulsa de su terruño a Juan y a una pléyade de jóvenes que no tenían otra salida ante el implacable régimen despótico ilustrado que jamás tomó en cuenta a la juventud honesta, sólo a sus sabuesos, a sus fieras siempre dispuestas a todo tipo de abusos.

 

 

Os digo:

allende al sur y sus olvidos

allende al norte y su desprecio

existimos

allende al amarillo de las páginas leves,

excluyentes agendas y tuertos noticieros

existimos. Somos más que voces distantes.

 

 

En el poema “De mi identidad”, se resiste al olvido de su “plátano bahahonero”, sus palmeras a la orilla de la playa y en las faldas de las montañas, ante la imposibilidad del retorno que ya no será nunca jamás lo soñado, se ha ensanchado su identidad al juntarse con los hermanos de la América Latina que arrastramos las mismas cargas, las mismas problemáticas, las mismas angustias, las mismas ansiedades y ha crecido, ahora es latinoamericano, no es posible el olvido de epopeyas heroicas, abriles de luchas, y esperanzas de que florezca por siempre la justicia, la equidad, un mundo más justo y más humano.

 

 

mi rostro latinoamericano

a pesar de las lluvias en los abriles

no lo he olvidado. Menos mal…

¿Será poesía…?

¿Será poesía

sentirse seco adentro

cuando te llueve afuera?

 

 

La poesía es su ‘elan vital’ que le reconcilia el cuerpo, el alma, su ser con su esencia

 

 

El poema “Azúcar, cayo y puerto” revela las huellas imperecederas en su memoria, del hombre del cayo, del puerto y del azúcar que nos endulza la vida, deleita nuestros paladares, hecha a fuerza de sudor, de entrega de los braceros, en el ingenio, en el cañaveral, siempre latente, presente, no puede olvidar las condiciones socio-económicas del batey y por eso clama y reclama políticas sociales a favor de la salud y de la vida digna del trabajador de los ingenios azucareros que claman aún pensiones para terminar sus días con dignidad. El poeta clama por ‘Justicia. Democracia. Libertad’

 

 

…para Fernando el

hijo de Nelsia la ventorrillera,

hermano de Manuelcanilla,

elemental…cuyos parientes fueron “hecho bagazo

entre los rieles y la locomotora”

 

 

El poeta tiene necesidad de decirles que esa pudo ser la historia de cualquiera de ellos

 

 

Podríamos decirle…

podríamos recitarle toda la historia,

hacer de maestros, hablándole

de economía doméstica,

hacer gala de toda la retórica

para explicarle que no tuvimos tiempo

de encarrilar el tren…

y todavía

estoy seguro de que no,

que no definiríamos la sensación de angustia

en nuestro pecho,

si de pronto,

por un sólo día:

nos atreviésemos a pensar

Y ahí lo teníamos:

a nuestras narices,

en la cotidianidad,

en la rebeldía…

En la insatisfacción…

En el enfrentamiento a todo

y a nada.

Solo con la rabia

de lo que no se sabe qué es…

pero que nos atrapa,

que nos muerde en la conducta.

Y ahí,

precisamente en ese punto,

una aguerrida conducta:

 

 

Hace un acróstico a JULIO BRAVO un joven que levantaba la voz y del cual se siente orgulloso, lo define como un “olfato insatisfecho, irredimido”

 

 

El poeta no olvida a su compañero de infancia del Batey Central Barahona, ido del plano físico en la plenitud de su vida, quien era una voz alta de denuncia de la segregación social en que vivían en el batey.

 

 

“Muerto a tus veintitrés…

Y acaso tendrías más de una razón

para morirte esputando una vida

de prejuicios

estúpidamente sutiles

como evangelios rutinarios…

Privilegios bien establecidos donde la iglesia colocada en lo más alto, bien apartada de la gleba representaba el decoro, la dignidad…

Apartada ―y bien alta―

la iglesia…

Pulcritud.

Decoro.

Caoba.

¿por qué murió tan joven Muemen?

 

 

Acaso el dolor y la resistencia ante la injusticia sufrida en la piel penetraron en el cuerpo de Muemen y pudo más el dolor, la incomprensión de una sociedad discriminadora por condiciones económicas y sociales, esos rangos impuestos por una sociedad de hipócritas que desprecia a quien le da la mano, al campesino, al obrero, al que se hinca sobre la tierra para que produzca los frutos que luego adornan manteles bordados y de fina estampa.

 

 

El poema que dedica a “Barahona, una postal” nos la muestra abandonada a su suerte, sin dolientes:

 

La Perla del Sur, que hoy, desperlada,

soslayada, contra el mar y el olvido,

sólo cierra sus ojos al destino

como un vivir en muerte.

En este poemario encontramos el poema que dedicara a su madre la maestra Epifanía y con ella a todas maestras a Pirula entre otras:

«Usted sabe, Maestra»

“Usted sabe, Maestra/ que le debo más que versos/ y que, / definitivamente, / es imposible cancelar factura/ porque el sol/ de los días de mi vida/ tiene su rostro/ su calor/ y su fe.

Esta deuda a su ancestral amor/ -ascendente función espiritual-/ deriva en infinita maravilla, / germina en su vientre, nace/ se multiplica día a día…/ ¿Con qué algoritmo nombrarte, Madre? / Después de su nombre, / cualquier frase/ es un adorno innecesario…/ excepto/ que la amo.

Y nos vuelve a nos tocar las fibras más sensibles del alma con el poema dedicado a su padre:

“Se me rompió la vida, Viejo”

“Y tú tan lejos. /Se me rompieron todas las estaciones/ y, sin tiempo ni brújula, /deambula/ mi corazón, Oh Viejo!, / y tú tan lejos…Se me rompió la primavera…Se me rompió la vida/ Viejo, /y tú tan lejos. / Se me apagó el verano, / se me hizo imposible…Pero te me quedaste tan lejos, / tan lejos, Viejo. / Cómo decirlo? …”

La tercera parte del poemario se titula titulada “Desde el exilio económico: inviernos en Massachussets, 1997-2020”.

El poeta se nota maduro y fortalecido ante los nuevos desafíos, nos presenta el poema:

«No me da miedo comenzar de nuevo».

No me da miedo comenzar de nuevo.

No temo entrar en la noche sin abrigo;

ya el día tejió, sobre mí, trincheras.

En la prosa poética «Me ha asaltado el poeta» se interroga:

¿Qué sería del mundo sin la poesía y el canto? …

Me ha asaltado el poeta y su canto desterrado. La mina, la zafra, la ira de los tiempos, la poesía vertical. ¿Cómo dormir, sino muriendo? Vale vivir desvelos, cerrarle los ojos a la noche sin claudicar ante el perenne estupor que nos desquicia. De frente, de frente el verso y el latido. De frente, de pie, de pie la fragua, la convicción que abrasa en puños que succiona, que seca y no se sacia. ¡Convicción! Metalurgia de luchas; perseverantes, tercas, cerriles ante el azote feudal y el bruno embudo del molino que constriñe.

He aquí el hombreverso ―…

En «El eco anónimo», dedicado a su entrañable hermano, poeta Dagoberto López Coño…sigue interrogándose el poeta:

«¿Quién escucha la voz de los anónimos? ¿Quién calla su coro? ¿De qué color es el pentagrama de sus gritos? ¿Quién dirige la orquesta con batuta de censura?

Ayer desparramé las dudas sobre las corajudas corbatas de los autorizados, los autodesignados corajudos manejadores de propuestas. Y no encontré respuestas sino la indiferencia vestida de etiqueta. El protocolo conciso de los ceremoniales. La claque. Los santificados eruditos, especialistas en decretar inexistencias, en des nombrar los insistentes parturientos de claveles y versos con pétalos sutiles y ―a veces, como no, encoñados…»

El poeta canta y sigue escribiendo su historia consigo mismo y con todos los que impacta con su palabra, su entrega, su amor. Este poemario, sin lugar a dudas tendrá muchos análisis de expertos eruditos para desentrañarlo.

 

Escrito el 6 de agosto 2021. Rosina Anglada

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