-Sheinbaum, Trump y el viejo guión del garrote-
En Palacio Nacional no se escucharon tambores de guerra. Tampoco sirenas. Ni discursos inflamados. Mientras desde Washington se agitaba, una vez más, el fantasma de la intervención armada, Claudia Sheinbaum optó por el gesto más incómodo para Donald Trump: la calma.
“Vamos a estrechar la comunicación”, dijo la presidenta mexicana, como quien baja el volumen justo cuando el vecino grita. Sin estridencias, sin caer en la provocación, Sheinbaum encuadró las amenazas de Trump —esa idea recurrente de “atacar por tierra” a los cárteles— como parte de su libreto favorito: la intimidación verbal como política exterior y el exceso retórico como herramienta electoral.
Trump, fiel a su estilo, había hablado horas antes de un México “controlado por los cárteles” y de cifras apocalípticas —250 mil a 300 mil muertos al año— lanzadas al aire sin pruebas, como si el micrófono bastara para convertir la exageración en verdad. Una narrativa ya conocida: el sur como caos, el norte como sheriff.
Sheinbaum eligió otra escena. Reveló que instruyó al canciller Juan Ramón de la Fuente a comunicarse directamente con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, para reafirmar los acuerdos vigentes en materia de seguridad. El mensaje fue claro, aunque envuelto en diplomacia: aquí hay coordinación, no permiso; cooperación, no subordinación.
“No queremos pensar en otro escenario”, insistió la mandataria, descartando —con una mezcla de firmeza y prudencia— que Washington repita en México el libreto aplicado en Venezuela, donde operaciones “antinarcóticos” terminaron en ataques letales y acusaciones sin sustento. La comparación no fue casual: fue un recordatorio.
En el terreno, mientras tanto, la seguridad no se declama: se opera. Sheinbaum defendió el acuerdo con la Guardia Costera y el Comando Norte de Estados Unidos, que permite a la Secretaría de Marina mexicana mantener el control de las aguas territoriales. Vigilancia permanente, centros de control activos 24/7 y coordinación directa para interceptar embarcaciones sin recurrir a “fuerzas mayores”. Resultado: 1.6 toneladas de cocaína incautadas en altamar.
La presidenta recordó, además, que incluso Rubio ha reconocido públicamente la “buena coordinación” entre ambos gobiernos, y que México ha entregado informes detallados sobre decomisos, detenciones y destrucción de laboratorios clandestinos. Información dura, de la que no suele vivir el discurso trumpista.
Desde enero del año pasado, cuando Trump volvió a la Casa Blanca, la “oferta” de enviar tropas estadounidenses a México ha sido recurrente. Y la respuesta, también: no. No ahora. No antes. No nunca. La soberanía, dejó claro Sheinbaum, no es negociable ni se combate con botas ajenas.
Así, mientras Trump vuelve a agitar el garrote —más mediático que estratégico—, México responde con el arma menos espectacular y más efectiva: la política. Coordinación sin sumisión. Diálogo sin ingenuidad. Y una certeza que incomoda en Washington: esta vez, el guión no lo escribe uno solo.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
rodriguezsluism9@gmail.com https://teclalibremultimedios.com/category/portada

