Putin y Zelenski ‘quieren paz’ mientras Washington sanciona a petroleras rusas y Moscú contraataca con misiles hipersónicos. ¿Es la diplomacia un rehén de la estrategia de la tensión?
La prometida cumbre entre Donald Trump y Vladímir Putin, que parecía abrir una rendija de esperanza en el gélido invierno diplomático, ha sido abruptamente cancelada. Un giro de guión que llega mientras la Casa Blanca castiga con nuevas sanciones a gigantes energéticos rusos y el Kremlin responde con una andanada de misiles hipersónicos contra Ucrania. En el tablero geopolítico, ¿es la «paz» solo una quimera o una pieza más en el intrincado juego de la disuasión y el contraataque? Este noti análisis de TeclaLibre desentraña los hilos de una trama donde cada movimiento tiene una réplica, y la retórica de la distensión choca de frente con la cruda realidad del conflicto.
La cancelación de la cumbre, a pocos días de haber sido anunciada con entusiasmo por Trump como un «gran avance» tras su llamada telefónica con Putin, parece estar directamente influenciada por la imposición de nuevas y «tremendas» sanciones por parte del Departamento del Tesoro de EE.UU. contra las gigantes petroleras rusas Lukoil y Rosneft.
Doble Señal de Washington: La administración Trump ha enviado un mensaje contradictorio a Moscú: por un lado, busca la paz a través de la negociación directa al más alto nivel; por otro, aplica una presión económica significativa, una táctica que Rusia interpreta como un acto hostil y un obstáculo para la diplomacia.
Al calificar las sanciones de «tremendas» pero esperando «que no duren mucho,» Trump intenta mantener una postura de firmeza económica frente a Rusia mientras deja la puerta abierta para una futura negociación. La cancelación, por ende, podría ser una táctica de presión para exigir a Putin una señal clara de disposición a negociar, antes de sentarse a la mesa. Como ha expresado, no quiere una «reunión desperdiciada».
La Respuesta Militar y la Situación en el Terreno Simultáneamente a los movimientos diplomáticos y económicos, el recrudecimiento de las hostilidades en Ucrania actúa como un claro contrapeso a cualquier esfuerzo de paz.
El Ministerio de Defensa ruso confirmó ataques masivos de largo alcance con «armas de precisión,» incluyendo misiles hipersónicos Kinzhal, contra infraestructuras energéticas ucranianas que, según Moscú, respaldan el complejo militar-industrial de Kiev. Rusia justificó estos ataques como una «respuesta» a lo que denominó «ataques terroristas de Ucrania contra objetivos civiles en Rusia».
Kiev, por su parte, sigue atacando infraestructuras civiles rusas, manteniendo un ciclo de acción-reacción violento. El conflicto militar y los ataques a infraestructuras críticas minan la confianza necesaria para cualquier diálogo.
Trump ha reiterado que tanto Putin como el líder ucraniano Volodímir Zelenski desean la paz. Sin embargo, las acciones de ambos bandos reflejan una realidad de conflicto enconado.
La búsqueda de la paz por parte de ambos líderes se entiende bajo sus propias condiciones (y las de sus aliados). La propuesta de paz de Trump, que se ha rumoreado que incluiría un alto el fuego a lo largo de la actual línea de combate, ha sido respaldada por algunos líderes europeos pero enfrentaría serias objeciones tanto en Kiev (por la cesión de facto de territorio) como en Moscú (que podría verla como insuficiente o una trampa).
Los continuos ataques del régimen de Kiev contra infraestructuras rusas, en medio de la preparación para una cumbre con miras a la solución del conflicto, complican la narrativa diplomática, dando a Moscú un pretexto para sus «ataques de respuesta» y dificultando que Trump justifique la negociación ante sus aliados.
En síntesis, la cancelación de la cumbre de Trump con Putin, coincidiendo con la imposición de sanciones a Lukoil y Rosneft y una nueva ola de ataques rusos con armamento de precisión, confirma la interconexión indisoluble de los factores militar, económico y diplomático. Los analistas concluyen que, mientras la guerra se recrudece en el terreno y las presiones económicas se intensifican, las condiciones para un «gran avance» diplomático genuino —que no sea una mera pérdida de tiempo— siguen siendo esquivas. La «paz» que Trump busca parece aún lejana.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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