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TRUMP LANZA ACUSACIONES CONTRA KAMALA Y CELEBRIDADES

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-Trump lanza acusaciones millonarias contra Harris y celebridades, mientras el fantasma de Epstein lo sigue acechando-

Redacción y análisis para Teclalibre
Por Luis Rodríguez Salcedo

En una nueva ofensiva mediática que mezcla populismo, espectáculo y maniobra política, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, arremetió este sábado contra la campaña demócrata encabezada por Kamala Harris, acusándola de haber pagado millones de dólares a celebridades como Beyoncé, Oprah Winfrey y Al Sharpton, a cambio de apoyo público. Según Trump, esos pagos fueron «probablemente ilegales» y deberían ser motivo de procesamiento penal.

A través de su red Truth Social, Trump detalló que se habrían destinado 11 millones de dólares a Beyoncé —quien, según él, ni siquiera cantó—, 3 millones a Oprah por «gastos» y 600 mil dólares a Sharpton, a quienes acusó de recibir fondos sin prestar servicios tangibles. Trump calificó estos pagos como «honorarios ridículos» que violan la ley electoral, acusando a Kamala Harris y a los demócratas de intentar comprar respaldo político con dinero, algo que, irónicamente, él mismo ha sido acusado de hacer múltiples veces en su carrera.

Pero más allá del estruendo de las cifras y las acusaciones —que aún carecen de sustento legal confirmado—, este nuevo ataque tiene un tufo a cortina de humo. Porque mientras Trump se desvive por poner en la picota mediática a Harris y sus presuntos “aliados artísticos”, el caso de Jeffrey Epstein vuelve a cobrar vida con fuerza… y amenaza con sepultar algo más que la reputación del expresidente.

La reaparición del escándalo Epstein —con la reciente muerte de uno de sus abogados, la inminente declaración de la única testigo clave y los renovados esfuerzos de la fiscal Pam Bondi por interrogar a todos los implicados— ha revivido incómodas preguntas sobre la relación de Trump con el magnate pedófilo. Y aunque el mandatario no ha sido formalmente acusado, su nombre ha estado repetidamente vinculado a la trama en diversos documentos, testimonios y fotografías.

Por eso no sorprende que, justo cuando se intensifican los rumores sobre nuevas revelaciones en el caso Epstein, Trump salga al ruedo con una andanada contra Harris, Beyoncé y compañía. ¿Coincidencia? Lo dudamos.

Trump ha perfeccionado el arte del desvío: cada vez que una amenaza real se cierne sobre su figura —desde el asalto al Capitolio hasta sus problemas judiciales en Nueva York y Florida— lanza una bomba mediática que captura la atención del público, especialmente de su base electoral, más proclive a creer en conspiraciones que en procesos judiciales.

Los datos que ofrece Trump sobre los supuestos pagos a celebridades no han sido confirmados por fuentes independientes. Hasta el momento, ni Beyoncé, ni Oprah, ni Sharpton han respondido públicamente. Y, si bien es cierto que la campaña de Harris gastó cifras astronómicas en publicidad —1.500 millones de dólares en 15 semanas—, no hay evidencia clara de ilegalidad.

Es más, pagar a artistas por participar en actos de campaña no es una práctica nueva ni exclusiva de los demócratas. Lo que sí sería ilegal es no declarar esos pagos de forma transparente o disfrazarlos como otra cosa. Y ahí es donde Trump intenta clavar la daga, aunque sin mostrar pruebas.

El énfasis en que “Kamala debería ser procesada” parece más un grito desesperado para desviar la atención de sus propios frentes abiertos que una verdadera preocupación legal. Trump sabe que cada vez que menciona a una figura afroamericana prominente, a una mujer poderosa o a una celebridad liberal, su base MAGA responde con vítores. Es una jugada política tan vieja como predecible… pero no por ello menos peligrosa.

Mientras el fantasma de Epstein recorre los pasillos del poder y amenaza con tocar las puertas de Mar-a-Lago, Trump necesita mantener la narrativa bajo su control. Y nada como el escándalo ajeno para tapar el propio.

Lo irónico es que, al acusar a otros de pagar por respaldo, Trump podría estar proyectando sus propias prácticas políticas: desde pagar el silencio de actrices porno, hasta comprar lealtades políticas mediante favores y promesas. El problema es que, esta vez, el viejo truco del “mira allá” quizás no le funcione. Porque el fantasma que lo persigue no es una estrella pop… es Epstein.

Y ese, señor Trump, no se ahuyenta con tuits. Ni con cortinas de humo.

rodriguezsluism9@gmail.com

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