-Trump vs. Harvard: La Cruzada del 31% y el Antisemitismo «Universal»-
Bueno, parece que el señor Trump tiene una nueva obsesión: la Universidad de Harvard. Y no es para menos, ¡siempre es más fácil culpar a una institución de élite que resolver los problemas de fondo!
Primero, lo de los estudiantes extranjeros. Dice que son «demasiados» y que le quitan el cupo a los pobres estudiantes estadounidenses que mueren por entrar a Harvard. El 31%, clama con indignación. Harvard, con esa molesta manía de basarse en los hechos, dice que es el 27.2%. ¡Qué insignificante diferencia para el presidente de la verdad absoluta! Y lo mejor es que, según él, ningún gobierno extranjero contribuye con dinero a Harvard, pero el suyo sí. Claro, porque las universidades se mantienen del «dinero de los impuestos» que él tan generosamente asigna, no de las donaciones o el prestigio internacional. Es casi como si creyera que Harvard es una sucursal del Departamento de Estado.
Luego, el «problema» de los estudiantes extranjeros que participaron en protestas propalestinas. ¡Ahí está el meollo del asunto! No es que Trump se haya vuelto un ferviente defensor de la meritocracia en la educación superior, es que quiere listas. Listas de estudiantes. Para «averiguar si suponen o no un problema». Suena un poco a esas películas de espías donde el villano pide expedientes secretos. Uno se pregunta si también pedirá la lista de los que no le caen bien en el buffet de la Casa Blanca.
Y por supuesto, el «antisemitismo». Harvard es «muy antisemita», y «todo el mundo lo sabe». Al parecer, el magnate tiene un detector de antisemitismo infalible que se activa cada vez que una institución no se alinea con sus posturas. Qué conveniente. Y las acusaciones de «favorecer al Partido Comunista Chino con sus programas de intercambio»… ¡Harvard, la guarida secreta de la revolución comunista! Con razón siempre anda Trump tan preocupado por las importaciones chinas, ¡debe ser por el espionaje académico!
La guinda del pastel es que una jueza federal ya le aguó la fiesta con la prohibición de matricular alumnos extranjeros. Y lo de los 2.000 millones de dólares en subvenciones federales recortadas, sumado a la amenaza de quitarles las exenciones fiscales… parece que el amor de Trump por Harvard es inversamente proporcional a la cantidad de dinero que le otorga. Es como un novio despechado que le quita el auto a su ex porque no quiere volver con él.
En fin, la «objetividad» de Trump es tan transparente como el cristal de una ventana empañada. Y su «preocupación» por la educación superior parece ser más una excusa para ejercer poder y controlar a quienes no le rinden pleitesía. Pero bueno, al menos nos deja un buen material para la comedia. ¡Qué sería de nosotros sin sus ocurrencias!
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