-China mira con «esperanza» mientras la Casa Blanca se convierte en escenario decisivo-
Apenas unas horas antes de que Donald Trump reciba en la Casa Blanca a Volodímir Zelenski, acompañado de un séquito europeo dispuesto a no dejarlo solo frente al magnate-presidente, Pekín se adelantó con un mensaje diplomático: “esperanza”. Palabra corta, pero cargada de sutilezas orientales, justo en un tablero donde los occidentales juegan a los manotazos.
La portavoz del Ministerio de Exteriores, Mao Ning, declaró que China confía en que «las reuniones programadas para este lunes» conduzcan a negociaciones de paz “en el momento debido”. Traducido del lenguaje diplomático chino: que los demás dejen de improvisar y piensen en grande.
La movida tiene otro trasfondo: Zelenski aterrizó en Washington con un grupo de líderes europeos, casi en formación cerrada, para mostrar músculo y evitar que Trump vuelva a dar un giro inesperado que deje a todos descolocados.
No olvidan la escena de febrero, cuando el ucraniano salió de la Oficina Oval reprendido por no mostrar “suficiente gratitud” por la ayuda militar estadounidense. El recuerdo de ese episodio todavía duele en Bruselas y en Kiev, y la imagen de un Trump “educando” a Zelenski es justo lo que buscan evitar.
Los europeos, por cierto, no llegaron con las manos vacías. Aceptaron a regañadientes los nuevos aranceles de Trump sobre sus exportaciones, esperando que esa “flexibilidad” se traduzca en respaldo firme a Ucrania. Una especie de trueque: pagamos el precio económico, pero garantizamos la seguridad política.
El futuro de Ucrania –y quizá el del vínculo entre Washington y sus aliados más fieles– podría definirse en esta reunión improvisada, convocada con urgencia. Mientras tanto, China observa desde la barrera, ofreciendo “esperanza” mientras sonríe y espera que los occidentales se desgasten.
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