-La paz con botas: Ucrania, el alto el fuego que nadie cree sin fusiles
Francia y Reino Unido han confirmado el despliegue de tropas en Ucrania tras un eventual alto el fuego, como parte de un sistema de garantías de seguridad que busca impedir una nueva invasión rusa. No es solo diplomacia: es disuasión armada, con respaldo jurídico y presencia multinacional.
Desde 2014 —Crimea— y, sobre todo, desde la invasión a gran escala de 2022, Ucrania ha aprendido a golpes una lección amarga: los acuerdos sin garantes reales se rompen. Minsk I, Minsk II y otras fórmulas diplomáticas naufragaron entre firmas, comunicados y violaciones impunes.
En ese contexto, la llamada Coalición de Voluntarios emerge como una respuesta a la fatiga estratégica de Occidente: si hay paz, no será una tregua ingenua.
La reunión celebrada en París, con la participación de Emmanuel Macron, Keir Starmer y Volodimir Zelenski, formaliza un giro histórico: tropas occidentales en suelo ucraniano, aunque lejos de la línea de contacto, como seguro contra la recaída bélica.
Qué se ha acordado realmente?
El paquete de garantías va más allá de la retórica: Supervisión internacional del alto el fuego, con capacidades militares reales; fuerza multinacional “in situ”, comandada por Francia y Reino Unido; centros militares y depósitos protegidos para armas y equipos; y compromiso jurídico de asistencia si Ucrania vuelve a ser atacada.
Starmer fue directo: Londres y París establecerán infraestructura militar permanente para sostener la defensa ucraniana. Macron añadió el concepto clave: tranquilidad estratégica. No se trata de provocar a Moscú, sino de convencerlo de que repetir la historia saldrá demasiado caro.
La confirmación de apoyo marítimo por parte de Turquía añade una capa geopolítica decisiva. Ankara —experta en equilibrios imposibles— refuerza el control del Mar Negro y convierte el esquema en algo más que un club atlántico. La paz, si llega, tendrá vigilancia también desde el agua.
Para Rusia, el mensaje es incómodo: Ucrania dejaría de ser una zona gris. Para Ucrania, es la promesa de que un acuerdo no equivaldrá a una capitulación diferida.
Occidente, en síntesis, apuesta a la disuasión clásica: no confiar en la palabra, sino en el costo de violarla.
Nada de esto está libre de sombras: ¿Hasta dónde llegará el respaldo de EE. UU. si el acuerdo es desafiado?; ¿Puede una fuerza “tranquilizadora” convertirse en blanco político o híbrido?; ¿Aceptará Moscú una paz custodiada por soldados occidentales sin intentar sabotearla?
La Coalición de Voluntarios cree que el riesgo de presencia es menor que el riesgo de ausencia.
Para TeclaLibre , la paradoja es brutal y reveladora: la paz en Ucrania ya no se imagina desarmada. Llega con botas, radares y compromisos escritos en letra jurídica, no poética. No es la paz de los ingenuos ni la de los brindis diplomáticos. Es la paz del siglo XXI: frágil, vigilada y sostenida por la convicción de que, esta vez, romperla tendrá consecuencias inmediatas.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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