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UNA CUMBRE CON AROMA DE ALINEAMIENTO IDEOLÓGICO

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-“Escudo de las Américas”: Trump reúne en Miami a presidentes latinoamericanos de derecha para redibujar el tablero geopolítico del continente-

La cumbre convocada por Donald Trump en su propio resort de Miami reunió a una docena de mandatarios latinoamericanos alineados con Washington, en un encuentro que oficialmente busca combatir el narcotráfico y reforzar la seguridad regional, pero que para muchos analistas representa el intento de reorganizar políticamente el hemisferio frente al avance de China.

La llamada cumbre “Escudo de las Américas” arrancó este sábado en Miami con la llegada de una docena de mandatarios latinoamericanos invitados por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a un encuentro que combina seguridad, diplomacia y estrategia geopolítica.

El escenario elegido no fue casual: el Trump National Doral Miami, un resort con campo de golf propiedad del propio mandatario estadounidense.

Entre recepciones protocolares y fotografías oficiales, el encuentro reúne a líderes considerados afines a la agenda de Washington en la región.

Entre los primeros en llegar estuvieron el presidente panameño José Raúl Mulino, el presidente electo de Chile José Antonio Kast, la primera ministra de Trinidad y Tobago Kamla Persad-Bissessar y el presidente hondureño Nasry Asfura.

Posteriormente arribaron también Rodrigo Paz (Bolivia), Daniel Noboa (Ecuador), Rodrigo Chaves (Costa Rica), Javier Milei (Argentina), Luis Abinader (República Dominicana), Irfaan Ali (Guyana), Santiago Peña (Paraguay) y Nayib Bukele (El Salvador).

Oficialmente, la cumbre busca construir una coalición regional contra el narcotráfico, el crimen organizado y la migración irregular, además de fortalecer los mecanismos de cooperación militar y de inteligencia entre los países participantes.

Sin embargo, el trasfondo estratégico parece más amplio.

Washington ha expresado abiertamente su preocupación por el crecimiento de la influencia económica y tecnológica de China en América Latina, particularmente en proyectos de infraestructura, telecomunicaciones y energía.

En ese contexto, el “Escudo de las Américas” surge como un intento de reordenar el mapa de alianzas del continente, consolidando un bloque de gobiernos alineados con Estados Unidos.

Si la lista de invitados resulta reveladora, la lista de ausentes lo es aún más.

No fueron invitados Brasil, México ni Colombia, tres de las mayores economías de América Latina y actores tradicionales de la diplomacia hemisférica.

Tampoco participaron gobiernos identificados con corrientes progresistas o con posiciones más independientes frente a Washington.

Esto ha llevado a varios analistas a interpretar la reunión como una cumbre ideológica, más cercana a una alianza política que a un foro multilateral tradicional.

El encuentro de Miami también se interpreta como una especie de cumbre paralela frente al tradicional mecanismo hemisférico de la Cumbre de las Américas, creado en 1994 para reunir periódicamente a todos los jefes de Estado del continente.

Ese foro, sin embargo, ha perdido fuerza en los últimos años debido a profundas divisiones políticas entre los gobiernos de la región.

El “Escudo de las Américas” aparece así como un intento de Washington por reconstruir un bloque regional más compacto, compuesto por aliados ideológicos.

La reunión se produce en un momento de enorme tensión internacional.

La guerra en Medio Oriente entre Estados Unidos, Israel e Irán ha elevado la presión sobre la política exterior de Washington, mientras América Latina se ha convertido en un escenario de disputa económica entre Estados Unidos y China.

En los últimos años, el gigante asiático ha ampliado significativamente su presencia en la región mediante inversiones en infraestructura, energía, minería y telecomunicaciones.

Ese avance preocupa a sectores estratégicos estadounidenses, que ven en el hemisferio occidental un espacio geopolítico que no desean perder.

En medio de la cumbre, Trump debió acortar su participación para viajar a la base aérea de Dover, Delaware, donde llegarán los cuerpos de seis militares estadounidenses fallecidos en el conflicto con Irán.

Mientras tanto, los mandatarios latinoamericanos participantes mantendrán un almuerzo de trabajo con el secretario de Estado, Marco Rubio, en el que se abordarán temas de seguridad regional y cooperación estratégica.

Más allá de los comunicados diplomáticos y las fotografías oficiales, la cumbre deja una pregunta flotando en el ambiente político regional.

¿Se trata realmente de un escudo para proteger al continente del crimen organizado?

¿O de un nuevo intento de Washington por reorganizar su esfera de influencia en América Latina frente al avance de China?

En diplomacia, como en el ajedrez, los movimientos raramente tienen un solo propósito.

Y el tablero hemisférico, al parecer, vuelve a moverse.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

 

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