Enero, el mes que siempre cae: de la «Vaca Sagrada» a la «Resolución Absoluta»
Enero vuelve a cumplir su papel de verdugo de los poderosos en Venezuela. En 1958 fue la huida apresurada de un dictador; en 2026, la extracción quirúrgica de un presidente. La Carlota, pista maldita del poder, vuelve a ser escenario del quiebre. Entre símbolos, silencios y tutelas externas, el país despierta otra vez en medio del vértigo.
Venezuela tiene meses que pesan más que otros. Enero es uno de ellos. No por el calendario, sino por la memoria. Un 23 de enero de 1958, desde la Base Aérea de La Carlota, despegó la célebre Vaca Sagrada llevando al exilio al dictador Marcos Pérez Jiménez. Aquella madrugada marcó el fin de un régimen y el inicio de una promesa democrática que, con los años, se iría deshilachando.
Sesenta y ocho años después, el 3 de enero de 2026, la misma pista volvió a ser protagonista. Esta vez no fue huida sino captura. No fue exilio voluntario, sino extracción forzada. La Carlota apareció en los mapas militares de Washington como uno de los objetivos clave de la operación Resolución Absoluta, con la que Estados Unidos sacó del poder —y del país— al presidente Nicolás Maduro y a su esposa.
La historia no se repite, pero rima. Y en Venezuela, enero siempre rima con caída.
La operación fue breve, precisa y demoledora en su simbolismo. Mientras Caracas dormía —o fingía dormir—, aviones, drones y fuerzas especiales tomaron posiciones. Once objetivos estratégicos fueron neutralizados. La Carlota, otra vez, quedó en el centro del relato.
No hubo discurso final, ni cadena nacional, ni despedida al pueblo. Hubo silencio. Un silencio espeso, de esos que anuncian que algo se rompió para siempre.
Maduro no salió por la puerta de atrás de la historia venezolana: fue arrancado del escenario, en una acción que para unos significó liberación y para otros una humillación nacional sin precedentes.
Durante años, el chavismo cultivó la idea de un poder inexpugnable: control territorial, lealtad militar, alianzas internacionales, retórica antiimperialista. Enero de 2026 desmontó ese mito en una sola noche.
La pregunta no fue si el gobierno caería, sino quién mandaría después.
La juramentación de Delcy Rodríguez como presidenta interina abrió una transición cargada de ambigüedades: ¿continuidad maquillada o ruptura supervisada? ¿Gobierno venezolano o administración bajo tutela externa?
En la calle, el país reaccionó como sabe hacerlo: con una mezcla de esperanza contenida, miedo aprendido y cansancio histórico. Nadie celebró del todo. Nadie lloró en público. Venezuela ya no se permite emociones puras.
No es casualidad. Enero parece funcionar en Venezuela como mes de ajuste de cuentas. En 1958 se cerró el ciclo militarista clásico. En 2026 se clausura —al menos simbólicamente— el experimento chavista tal como se conoció.
Ambos momentos comparten algo más que fechas:
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Un poder que se creía eterno.
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Una ruptura súbita.
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Un país que despierta sin haber decidido del todo su destino.
La diferencia es clave: en 1958 la caída fue interna; en 2026, externa. Y ese matiz cambia todo.
¿Transición, ocupación o nuevo tutelaje?
Aquí empieza el verdadero debate. Para algunos, la salida de Maduro era imposible sin intervención extranjera. Para otros, ese atajo compromete la soberanía y deja a Venezuela atrapada en un nuevo tipo de dependencia.
La reapertura petrolera, el regreso diplomático de Washington, las reformas aceleradas y los gestos de “normalización” huelen más a administración del colapso que a refundación democrática.
Enero pasó. El vértigo sigue.
La Carlota ya no es solo una base aérea: es un símbolo del final del poder en Venezuela. Desde allí se fue Pérez Jiménez creyendo que volvería. Desde allí sacaron a Maduro creyendo que ya no hacía falta.
Enero no pregunta, ejecuta.
No consulta, corta.
No promete, remueve.
Venezuela vuelve a empezar sin haber terminado de cerrar el capítulo anterior. Y como siempre, el país queda suspendido entre una esperanza frágil y una pregunta incómoda: ¿esta vez sí será el final… o solo otro enero más en la larga pedagogía de las caídas?
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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