-Venezuela al límite: madres en huelga frente a la Zona 7-
Caracas no duerme. Diez mujeres, madres, hermanas, hijas de presos políticos, llevan más de 48 horas sin probar alimento frente al comando de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), conocido como Zona 7. No están allí por espectáculo ni por cálculo político. Están allí porque dicen que ya no les queda otra herramienta que el propio cuerpo.
Desde las 6:00 de la mañana del sábado, se acomodaron sobre colchonetas bajo toldos improvisados para resistir el sol y la indiferencia. La escena es cruda: rostros demacrados, botellas de agua, tensiómetros, glucómetros y el rumor permanente de una pregunta que se repite como eco: ¿hasta cuándo?
Yessy Orozco, hija del exdiputado Fernando Orozco, no habla como activista sino como hija. Cuenta que una de las mujeres sufre tensión alta y dolor en el pecho. Ya tres se han desvanecido. Y aun así, ninguna quiere abandonar.
“¿Qué quieren? ¿Matarnos aquí afuera? ¿Que nuestros familiares mueran allá adentro?”, reclama.
En paralelo, dentro de Zona 7, varios detenidos también están en huelga de hambre desde el viernes. El pulso es doble: afuera y adentro. El desgaste es físico, pero también emocional.
Petra Vera —paciente oncológica en remisión y por eso fuera de la huelga— acompaña cada día. Exige que se cumpla la promesa de liberación “en el menor tiempo posible”. Denuncia deterioro progresivo, trato inhumano y una angustia que se extiende como mancha de aceite.
El doctor Rafael Arreaza acudió voluntariamente. No por política, asegura, sino por ética médica. Detectó hipertensión, problemas gástricos por inanición prolongada y descompensaciones severas. Dos de los presos, afirma, esperan ambulancia.
Denuncia que no le permitieron entrar al comando para evaluar a los detenidos.
Y lanza una advertencia directa: si alguien muere, la responsabilidad será de quienes custodian el lugar.
El 6 de febrero, el presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, prometió la liberación de “todos” una vez aprobada la ley de amnistía. Calculó que sería, a más tardar, el viernes pasado.
Pero el debate se aplazó por segunda vez. Diferencias internas en un artículo trabaron el segundo y último paso legislativo. Mientras tanto, el tiempo sigue avanzando.
Este sábado se anunciaron 17 excarcelaciones en Zona 7. Un número que, para las familias, resulta insuficiente frente a la promesa de totalidad.
Todo esto ocurre en un escenario político reconfigurado tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses en enero y la asunción de Delcy Rodríguez como mandataria encargada. Se habla de un “nuevo momento político”. En la acera frente a Zona 7, ese nuevo momento se mide en presión arterial, glucosa y resistencia.
Quiaro, acostada sobre un colchón, resume el ánimo colectivo:
“El cuerpo comienza a sentir los embates de no comer… pero vale la pena, siempre va a valer la pena”.
La frase no suena heroica. Suena agotada. Las carpas improvisadas, el calor, el polvo, la vigilia constante. Las condiciones —dicen— están al límite. Ellas también.
Caracas observa. El Parlamento debate. Las ambulancias tardan.
Y diez mujeres siguen allí, usando el hambre como altavoz.
En Venezuela, cuando las leyes se postergan, los cuerpos pagan el costo.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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