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WASHINGTON Y TEHERÁN NEGOCIAN CON EL DEDO EN EL GATILLO

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Ginebra bajo tensión: Washington y Teherán negocian con el dedo en el gatillo

Diplomacia indirecta, portaaviones en movimiento y maniobras navales: el diálogo nuclear entre EE.UU. e Irán se reanuda bajo máxima presión geopolítica.

EE.UU. e Irán celebran una nueva ronda de negociaciones nucleares en Ginebra en medio de despliegues militares y advertencias de guerra. TeclaLibre analiza el trasfondo estratégico, los riesgos y los posibles escenarios.

Mientras diplomáticos ajustan frases en salones europeos, destructores y fragatas afinan posiciones en el Golfo. La segunda ronda de conversaciones entre Estados Unidos e Irán, prevista en Ginebra, no ocurre en clima de distensión, sino bajo una atmósfera cargada de advertencias cruzadas.

El presidente Donald Trump ha reiterado que no permitirá que Irán avance hacia capacidad nuclear militar. “Todas las opciones están sobre la mesa”, ha dicho en más de una ocasión, frase que en el diccionario geopolítico significa algo muy concreto: presión máxima con respaldo militar visible.

Teherán, por su parte, ha respondido que cualquier agresión sería contestada con fuerza proporcional. Y lo ha demostrado con grandes maniobras marítimas en el estrecho de Ormuz, zona estratégica por donde transita una parte sustancial del petróleo mundial.

La primera ronda, celebrada el 6 de febrero en Omán, fue indirecta. Vehículos diplomáticos entraban y salían sin contacto visible entre delegaciones. Un formato que recuerda los momentos más tensos previos al acuerdo nuclear de 2015, el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), del cual Washington se retiró años atrás.

Desde entonces, el acuerdo quedó erosionado. Irán aumentó los niveles de enriquecimiento de uranio y Estados Unidos reforzó el régimen de sanciones.

Ginebra representa ahora un nuevo intento de descompresión… aunque bajo condiciones más frágiles.

El Comando Central de Estados Unidos ha incrementado su presencia en la región. Aviones, sistemas antimisiles y buques de guerra forman parte de un despliegue que busca disuadir cualquier avance nuclear o provocación regional.

Irán responde con ejercicios navales de gran escala, pruebas de misiles y retórica nacionalista. La diplomacia avanza, pero bajo el ruido constante de motores militares.

Factores que tensionan:

  1. Represión interna en Irán: Washington ha criticado la respuesta del régimen ante recientes protestas nacionales.

  2. Israel como actor indirecto: Tel Aviv mantiene una postura firme contra cualquier flexibilización que acerque a Irán al umbral nuclear.

  3. Rusia y China: Observan el pulso con interés estratégico, conscientes de que el desenlace redefinirá equilibrios regionales.

  4. Mercado energético global: Cada declaración impacta el precio del crudo y la estabilidad financiera internacional.

  5. Reducción verificable del enriquecimiento de uranio.Inspecciones internacionales estrictas.

  6. Límites al programa de misiles balísticos.

Ginebra no es solo una ciudad diplomática: es hoy un tablero donde se juega el equilibrio del Golfo Pérsico.

Trump endurece el discurso. Irán eleva el tono naval. Ambos envían mensajes a sus bases internas y a sus aliados. Pero detrás del lenguaje de acero existe un dato crucial: si hay conversaciones, es porque ninguna de las partes desea, por ahora, cruzar el punto de no retorno.

En política internacional, la guerra comienza cuando el diálogo se rompe. Y mientras las puertas de Ginebra sigan abiertas, el estrecho de Ormuz seguirá siendo un símbolo de tensión… pero también de contención.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

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