El «visto bueno» de Davos: Cuando Volodímir dejó de hablar francés y empezó a hablar «Trump»
Davos, Suiza. El aire de los Alpes siempre ha sido frío, pero este enero de 2026, la frialdad no viene del clima, sino de los pasillos del Foro Económico Mundial. En el centro de la escena, un Volodímir Zelenski que ha cambiado el guion. Ya no es el héroe romántico que recita valores europeos frente al Parlamento en Bruselas; ahora es un pragmático que sabe que, en el tablero de 2026, Europa es un actor secundario con una chequera lenta.
Zelenski subió al estrado con una frase que resonó como un portazo: «Europa parece perdida». Comparó la ayuda europea con la película Groundhog Day (El día de la marmota): las mismas promesas, los mismos retrasos, el mismo bucle infinito de burocracia mientras los misiles siguen cayendo.
Al «soltar» a una Europa fragmentada y enredada en debates sobre Groenlandia y aranceles, Zelenski ha decidido que no tiene tiempo para esperar a que los 27 se pongan de acuerdo en el color del sello de los paquetes de ayuda.
Mientras tanto, la verdadera acción ocurría a puerta cerrada. Una hora duró el encuentro con Donald Trump. ¿El resultado? Un Trump sonriente diciendo que la reunión fue «buena» y un Zelenski que, por primera vez, parece haber encontrado el tono exacto para seducir al hombre de Mar-a-Lago.
Zelenski ya no pide «solidaridad democrática». Ahora habla de:
Resultados: El famoso plan de paz está «acordado al 90%».
Fuerza: Ha empezado a usar el léxico de Trump, criticando la inacción europea y alabando la «capacidad ejecutiva» de Washington.
Transacción: Si Trump quiere una victoria rápida para su «Junta de Paz», Zelenski está dispuesto a dársela, incluso si eso significa sentarse mañana mismo en Abu Dabi con emisarios que vienen directo de ver a Putin.
Para los puristas de Bruselas, el giro de Zelenski se siente como una traición al «espíritu europeo». Para Kiev, es simplemente supervivencia. Zelenski ha entendido que un tuit de Trump tiene hoy más peso logístico que diez cumbres de la UE.
El presidente ucraniano ha dejado de ser el «escudo de Europa» para convertirse en el «socio estratégico de Trump». Es un abrazo apretado, sí, y con olor a gasolina y pólvora, pero es el único que parece ofrecer una salida real antes de que el invierno termine de apagar las luces en Ucrania.
-Luis Rodríguez Salcedo para TeclaLibre-
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