-Trump lanza nueva ofensiva arancelaria: Japón, Corea del Sur y medio mundo en la mira-
Por Redacción Teclalibre Digital
Con el ceño fruncido y el Twitter encendido, el presidente Donald Trump ha vuelto a hacer de las suyas. Este lunes anunció, sin anestesia ni diplomacia, que Estados Unidos aplicará un arancel del 25 % a los productos importados desde Japón y Corea del Sur. La medida, según cartas publicadas por el propio mandatario en sus redes sociales, entrará en vigor el 1 de agosto.
La razón oficial: el déficit comercial. Trump considera que Washington está “perdiendo” demasiado dinero en su relación comercial con Tokio y Seúl. “La cifra es mucho menor de lo que se necesita para eliminar el déficit”, escribió, como quien aplica una multa al tendero por no venderle al precio que él quiere.
Pero eso no es todo. Trump, con su ya habitual tono de empresario alfa, ofreció una salida (a su manera): “Si sus empresas trasladan la producción a EE. UU., se salvan del arancel”. ¿Traducción? Made in America, o pagas. Y como si fuera poco, lanzó una amenaza preventiva: si Corea del Sur o Japón responden con aranceles propios, él simplemente subirá los suyos aún más. Una especie de “ojo por ojo, y yo tengo más ojos”.
Unos cuantos datos, por si quedaba duda: En 2024, el comercio entre EE. UU. y Japón alcanzó los 228 mil millones de dólares. Con Corea del Sur, la cifra fue de 198 mil millones.
Ambos países son aliados estratégicos de Washington, pilares militares en el Indo-Pacífico, y socios clave en tecnología, autos, microchips y hasta en sushi de exportación. Pero nada de eso parece pesar más que el “America First” versión 2025.
Y como si fuera poco…
Horas más tarde, Trump extendió la lista negra de los aranceles, sumando a Kazajistán, Sudáfrica, Myanmar, Malasia y Laos. Una especie de cosecha de países que a juzgar por la Casa Blanca, también “le deben”.
En resumen, estamos ante un nuevo capítulo de la doctrina del garrote fiscal. Trump sigue usando los aranceles como arma geopolítica, como si el comercio fuera una partida de póker en la que el que más grita se lleva el bote.
¿Resultado previsible? Retaliaciones diplomáticas, distorsiones en los mercados globales, tensión en la cadena de suministros, y, por supuesto, los consumidores —americanos, japoneses o dominicanos— pagando más por casi todo. Pero eso es lo de menos si se trata de ganar puntos de campaña.
¿Quién será el próximo en la lista de “castigados comerciales”? ¿Francia por vender vino muy caro? ¿Canadá por sus siropes de arce demasiado dulces? Estaremos atentos. Porque con Trump, el comercio internacional ya no se rige por tratados, sino por tuits.
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