De intocable a condenado: El nexprocurador Jean Alain Rodriguez deberá pagar RD$2 millones al periodista por el cierre de «El Jarabe», en un fallo que marca un precedente histórico contra el abuso de poder desde el Estado.
Si la justicia dominicana fuera un guion cinematográfico, el capítulo de Jean Alain Rodríguez sería el thriller perfecto sobre la embriaguez y la caída del poder. La Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia (SCJ) acaba de confirmar la sentencia que obliga al exprocurador general a pagar RD$2 millones a favor del periodista Marino Zapete por daños morales. Pero más allá del dinero, esta decisión representa el cierre legal de un episodio oscuro: la confirmación de que la maquinaria estatal fue utilizada para asfixiar la libertad de expresión. En TeclaLibre conectamos los puntos desde aquel escandaloso contrato de asfalto hasta el banquillo de los acusados.
El último cartucho legal del exprocurador resultó ser de fogueo. La SCJ, presidida por el magistrado Justiniano Montero, declaró inadmisible el recurso de casación interpuesto por Rodríguez Sánchez. ¿La razón técnica? No logró demostrar el «interés casacional» exigido por la nueva Ley núm. 2-23.
Al caerse este recurso, cobra vida de manera definitiva la sentencia de agosto de 2024 dictada por la Corte de Apelación del Distrito Nacional: Jean Alain debe pagar los dos millones de pesos, sumado a un interés judicial del 1.5 % mensual hasta saldar la deuda. (Cabe destacar que la justicia libró de responsabilidades a su hermana, Maybeth Rodríguez, y desestimó el reclamo de daños materiales).
Para entender este fallo hay que rebobinar al 25 de septiembre de 2019. Ese día, Marino Zapete encendió las alarmas en su programa El Jarabe, transmitido por Teleradio América. Documento en mano, el veterano periodista reveló contratos millonarios otorgados de grado a grado por el Ministerio de Obras Públicas (entonces dirigido por Gonzalo Castillo) a la empresa Grupo Asimra, SRL para el suministro de cemento asfáltico (AC-30).
El dato que hizo temblar los cimientos del poder no fue solo el monto, sino quién figuraba con poder de representación de esa empresa: Maybeth Rodríguez, hermana del hombre que en ese momento dirigía la política criminal del Estado.
La mordaza y el efecto bumerán La respuesta del poder no fue investigar los contratos, sino fulminar al mensajero. Las presiones escalaron rápidamente y el resultado fue letal para el ejercicio periodístico: Teleradio América sacó a El Jarabe del aire, dejando a Zapete sin su plataforma.
Posteriormente, Maybeth Rodríguez sometió a Zapete por difamación, en un proceso marcado por la intimidación, del cual ella misma desistió misteriosamente en 2020 tras el cambio de gobierno. Zapete, lejos de amilanarse, contraatacó por la vía civil exigiendo reparación por los daños morales ante la persecución orquestada desde la Procuraduría. La sentencia de hoy le da la razón definitiva al periodista.
El elefante en la sala: De la censura a la Operación Medusa El caso Zapete es una paradoja brutal si observamos el presente de Jean Alain. El funcionario que supuestamente permitió que se usara todo el peso de la Procuraduría para aplastar a un periodista por denunciar irregularidades, hoy es el protagonista del expediente de corrupción más voluminoso del país.
Actualmente, Rodríguez enfrenta el juicio de fondo por la Operación Medusa, acusado de liderar un entramado que habría desfalcado al Estado por más de RD$6,000 millones, utilizando el famoso «Plan de Humanización del Sistema Penitenciario» como presunta fachada para el cobro de sobornos y lavado de activos. El panorama es tan complejo que 25 de sus coacusados ya pactaron con el Ministerio Público, admitiendo su culpabilidad y señalando el esquema corrupto.
La Conclusión de la Tecla El fallo a favor de Marino Zapete sienta un precedente pesado e innegable para la República Dominicana. Le recuerda a los funcionarios de turno que el poder es prestado y que utilizar el «trono» institucional para silenciar el escrutinio público termina pasando factura.
A Jean Alain, los dos millones de pesos probablamente le duelan menos que la mancha permanente de esta sentencia histórica. El asfalto caliente que se intentó ocultar en 2019, es irónicamente el mismo que le ha terminado pavimentando su vía crucis judicial de hoy.
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